El seleccionado alemán de fútbol repitió este domingo la fórmula del éxito con la obtención de un nuevo título, la Copa Confederaciones, con el triunfo ante Chile por 1 a 0, en el partido que se jugó en San Petersburgo, Rusia.

El mediocampista Lars Stindl marcó el único gol que significó el primer campeonato de Alemania, último campeón del mundo, en la Copa Confederaciones, el certamen que vale como banco de pruebas de cara al Mundial del próximo año.

Alemania tomó al pie de la letra la idea del banco de pruebas. De hecho, su formación no incluyó campeones del mundo en Brasil, a diferencia de Chile, que utilizó a diez de los ganadores de la pasada Copa América, pero mantuvo la fisonomía adoptada hace más de una década y que tantos réditos le brindó.

La final ante Chile fue pareja porque el equipo sudamericano salió con todo al ataque, pero no estuvo justo en la definición.

El equipo alemán sacó diferencia con el gol de Stindl, en el mejor momento del campeón en la Copa América 2015 y 2016, quien aprovechó la duda y error grosero de Marcelo Díaz, en posición de líbero, en su intento de jugar la pelota, con la presión y asistencia de Timo Werner.

Chile, con un desgaste fuerte en lo físico, apostó por la presión en ataque, comandado por Arturo Vidal, pero sin el desequilibrio de Alexis Sánchez, y en ese afán perdió el balón en varias ocasiones con un retroceso defectuoso.

De hecho, Alemania tuvo situaciones claras de gol con dos mano a mano. El primero fue de Leon Goretzka (35m) y el segundo de Julian Draxler (39m).

La conquista de Stindl golpeó al conjunto sudamericano, que terminó el primer tiempo con una imagen distinta a la exhibida en el comienzo.

Los pases precisos de Alemania y la rotación desconcertaron más a Chile, que en la segunda etapa que aumentó sus nervios.

A los 19 minutos, Gonzalo Jara sólo recibió la tarjeta amarilla por el codazo que le propinó a Goretzka. La jugada generó polémica porque motivó la intervención de la tecnología con el VAR, el video que asiste al árbitro, y la amonestación resultó inexplicable debido a la violencia utilizada por el volante chileno.

Los últimos minutos transcurrieron al ritmo de Chile, con su corazón básicamente, con el intento de empatar el partido ante una Alemania replegada.