Los investigadores le atribuyen al menos dos hechos ocurridos este fin de semana. Aún no hay detenidos.

Entre el domingo y el lunes, los efectivos de la Comisaría 5ª de Juana Koslay hallaron el botín de dos robos ocurridos el fin de semana en la ciudad verde. A una de las víctimas prácticamente le desvalijaron la casa y a la otra le sustrajeron un vehículo. Hasta ahora no hay detenidos, pero la Policía tiene pistas firmes de una banda de chicos que serían los autores de ambos hechos.

El primer robo que salió a la luz fue el de Florencio Gil, que no pudo pasar tranquilo el Día del Padre. El hombre de 72 años había salido de su casa el jueves, pero el domingo a la madrugada un vecino lo llamó para decirle que una de las puertas de su vivienda estaba abierta.

Gil llegó a su domicilio, en calle 20 de Noviembre al 1300, solo para descubrir que la puerta del patio había sido abierta a patadas. Los investigadores de la Comisaría 5ª sospechan que el hecho ocurrió esa misma madrugada y que los autores, que serían entre cinco y seis personas, transportaron las cosas a pie por los patios de las casas de la cuadra que no tienen cierre.

La lista de lo que se llevaron parece interminable. A Florencio le robaron un televisor de 29 pulgadas, un aparato de gimnasia, una máquina de cortar césped eléctrica y otra a explosión. También, tres bombas con sistema de limpieza de filtrado marca Vulcano, una máquina de moler carne con estructura de hierro, una maza de 10 kilos, dos garrafas de 10 kilos, 4 alargues de entre 30 y 40 metros, una zapatilla casera con tres enchufes, 2 rollos de cable subterráneo de 100 metros cada uno y tres rollos más de cable tipo taller de 30 metros. Además, 4 llantas rodado 15 marca Valeo y otras cuatro rodado 13, 2 cubiertas marca Goodyear rodado 15, un secarropas marca Kohinoor, ropa de Gil como para llenarlo y un espejo de 40 centímetros por un metro en marco de madera.

“Por algún motivo, al señor sólo le importaba recuperar la máquina de moler carne. No quería nada más”, contó con sorpresa el subcomisario Cristian Sosa, jefe de la Comisaría 5ª. “Entrevistamos al vecino que notó el robo y a otros más de la cuadra, pero a falta de datos significativos básicamente comenzamos a revisar todos los terrenos baldíos y los patios de las propiedades deshabitadas”, detalló el policía.

No tardaron mucho en hallar las cosas. Estaban escondidas en un terreno sobre calle Roger Ballet al 1300, a la misma altura que la casa de Gil, pero a dos calles en paralelo. “Sólo faltaban dos cubiertas y una de la garrafas, el resto estaba todo”, aseguró Sosa.

“Estamos tras una banda formada por menores y mayores. Son unos seis chicos, algunos vecinos de Juana Koslay y el resto de la capital, por eso las tareas investigativas nos han llevado a jurisdicción de las comisarías 3ª, 28ª y 37ª. Tenemos pistas firmes y no descartamos hacer procedimientos por esta causa”, adelantó la fuente.

 

Los mismos sospechosos

Curiosamente, en las averiguaciones que hicieron para dar con los bienes de Gil los policías de la Comisaría 5ª se enteraron que algunos miembros de la banda sospechosa ofrecía a la venta una moto. Pero no fue hasta este lunes que los efectivos se enteraron que el vehículo había sido robado de un domicilio a cinco cuadras de la seccional.

Como sucedió en el caso anterior, Mario Aguilera aprovechó el fin de semana largo para viajar unos días, pero cuando regresó anteayer su moto Honda Titán 150 ya no estaba en su hogar. El caso fue caratulado como un hurto porque “nadie violentó puertas, ventanas o candados para entrar a la vivienda. Sólo abrieron una puerta y se llevaron el vehículo, que tampoco estaba dañada”, detalló el jefe de comisaría.

No está claro si se la llevaron andando o a la rastra, pero la moto estaba a unos cinco kilómetros de la casa de Aguilera, que vive en calle Palabra Final al 1700. Los investigadores dieron con ella gracias a un perro rastreador de la División Canes, que los guió hasta un descampado ubicado entre la avenida José Santos Ortíz y la avenida Eva Perón, frente a uno de los ingresos al barrio Virgen de Luján de San Luis.

“Estaba intacta. Enterrada en un hueco de unos tres metros de diámetro por 1,5 metros de profundidad”, dijo Sosa. Igual que los bienes de Gil, la Honda fue trasladada a la seccional 5ª en calidad de secuestro hasta que el juzgado interviniente ordene la restitución a su dueño.