Ante la amenaza de una huelga en el Metro, el gobierno paulista busca alternativas para que los hinchas puedan llegar mañana al estadio de de Itaquerao.

Los trabajadores del subte de Río de Janeiro decidieron suspender la medida de fuerza que mantenían hasta esta mañana. De haber seguido con el paro, habrían dificultado el acceso al estadio de Maracaná donde el domingo Argentina dará su primera batalla, con Bosnia como rival.

Los operarios del Metro carioca aceptaron el ajuste ofrecido por el gobierno fluminense. En cambio, en San Pablo, los trabajadores del transporte subterráneo deben decidir hoy si mantienen la huelga. El gobernador paulista Geraldo Alckmin anticipó más despidos: hay 300 nombres de huelguistas que serían cesanteados si el sindicato del sector insiste en paralizar mañana las actividades.

Según el gobierno de San Pablo, hay supervisores en suficiente cantidad para dirigir las formaciones. El gobernador Alckmin trató de “vándalos” a los trabajadores en una clara señal de que pretende endurecer su postura. Este político opositor considera que con esa actitud ganará votos en la clase media paulistana. Pero eso pone en riesgo el traslado de los hinchas al estadio de Itaquerao que tiene pocas vías de acceso.

Para evitar esa posiblidad, el gobierno de San Pablo prepara un plan de emergencia para poder trasportar el público hacia el estadio Itaquerao.

Las autoridades paulistas diseñaron un “Plan B” por el cual, si se declara una nueva huelga de maquinistas de subterráneo, habrá un flujo más frecuente de viajes entre el centro paulistay la estación Corinthians-Itaquera, frente al Itaquerao, ubicado en el este de la ciudad.