Se enfrentarán el viernes por un pasaje a una semifinal. La Selección Nacional se parece más a Martino que su rival a Pekerman.

Imaginar un duelo entre un equipo de Martino y otro de Pekerman provoca un singular estado de emoción futbolera porque son entrenadores unidos por el buen gusto y por sus propuestas ofensivas. Las sensaciones optimistas se profundizan si, como ahora, lideran planteles con talentos abundantes. Claro que como este juego lejos está de ser lineal, en este caso no es para confiarse y esperar una fiesta. Por lo menos, hay que dudar. El problema no es Argentina, que siempre se muestra generosa con el espectáculo más allá de sus limitaciones de ocasión y que no cambiará en nada su idea: seguirá insistiendo con el toque, la presión alta y la intensidad, hasta que las piernas le respondan y a pesar de algunas críticas.

Esta vez, las razones para sospechar las instala Colombia, que arriba apoyada en matices diferentes a los pregonados por su historia, por su entrenador y por su último Mundial. Por eso el viernes, en Viña del Mar, por los cuartos de final, según parece, habrá un duelo con diferentes intenciones: Argentina con la pelota y Colombia con el rigor. Es lo que vienen diciendo en esta Copa América las selecciones del Tata y de José no sólo en el juego, sino también en los números.

Un indicativo nítido es la posesión. En ese rubro, Argentina ostenta un promedio del 70,3 % en la fase de grupos. Y se mantuvo muy cerca de ese porcentaje inclusive en el partido más exigente, contra Uruguay, con 68,44 %. Lo de Colombia, en este aspecto, es curioso: su promedio de posesión es del 51,11 %. Repartió la pelota. Lo llamativo es que ganó cuando menos la tuvo, con Brasil (39,48 %), con un segundo tiempo en el que se refugió sin complejos.

El manejo y el control de la pelota también exhibe a Argentina goleando en los pases: hizo 1867 (1631 correctos) contra 1190 (919 precisos) de Colombia. Este ítem es una de las banderas de la Selección de Martino. Por algo los dos jugadores que más cesiones dieron en la Copa son argentinos: Mascherano con 234 y Garay con 217. Y en el equipo de Pekerman es Murillo, 137, casi la mitad de los otorgados por El Jefe celeste y blanco.

Por supuesto que la posesión no siempre se corresponde con la eficacia. En este último punto, Argentina sufre un déficit: transforma en gol sólo el 12,12 % de los tiros que patea al arco. Después de Chile y de Ecuador, la Selección Nacional es la que más remató. Lo hizo en 33 ocasiones, pero sólo gritó en 4. En esa falencia se explica por qué terminó sufriendo el final de partidos que, en largos tramos, dominó con suficiencia. De todos modos, en la definición, Colombia llega todavía peor: pateó 28 veces y apenas festejó 1 gol hecho por un defensor (Murillo) y tras una jugada con pelota detenida. Al cabo, Colombia sólo convierte el 3,57 % de sus disparos al arco.

También hay un contraste entre los goleadores de cada Selección: Agüero y Falcao patearon 6 veces cada uno, pero el Kun hizo 2 goles y el colombiano ninguno. Aquí, además, hay una parte del juego que no se ve en las estadísticas. Falcao mostró un nivel demasiado bajo, al punto de que en el campamento argentino dudan de su titularidad el viernes y suponen que podría ser reemplazado por Jackson Martínez. A Colombia le cuesta llegar. Por algo Teo Gutiérrez remató sólo una vez.

Si se elige como referencia el fair play, Argentina siembra las mejores impresiones. En cambio, Colombia es la versión opuesta: camina muy lejos de lo que evidenció en el Mundial y se caracterizó en esta Copa por la rudeza. El paradigma fue el último partido, frente a Perú. Su máximo ícono de hoy en el juego, James Rodríguez, perdió la cabeza y le aplicó un codazo a Advíncula. Era expulsión, pero Pitana lo perdonó. Y por si hace falta otro ejemplo, tampoco fue echado Cuadrado por una trompada en la espalda a Cueva.

Argentina cometió 39 infracciones en la primera fase y Colombia 49. Ambas selecciones acumularon 6 amarillas (se limpian a partir de cuartos), pero la de Pekerman también sufrió una roja. Las tarjetas no se arriman tanto a la realidad. Colombia no recibió otras amonestaciones y expulsiones por las liviandades arbitrales. Justamente esas asperezas colombianas y la permisividad de los jueces son cuestionadas y preocupan en la intimidad de Argentina.

En la posesión, en la definición y en la disciplina, Argentina se parece mucho más a Martino que Colombia a Pekerman. A veces pasa.