Foto: web

La sonrisa lo acompaña a cada rincón del búnker de la Selección situado entre las sierras de Salsipuedes, a 40 kilómetros de la ciudad capital cordobesa. Paulo Dybala está en su tierra, con el equipo de su país y satisfecho después de haber recibido una cantidad de afecto que nunca llega a empalagar cuando viene de las personas que uno quiere. El nacido en Laguna Larga festejó su cumpleaños 25 apenas llegó la delegación albiceleste a esta provincia en la noche del viernes.

A última hora, después de una cena que fue más tarde de lo habitual porque recién a las 22 el plantel se estaba acomodando en sus habitaciones, llegó la torta para Dybala, el canto de todos sus compañeros y una tablet de obsequio. Antes, durante todo el viernes, ya había leído infinidad de mensajes y saludos de amigos, familiares, de su novia Oriana Sabatini, de compañeros de Juventus, de gente de Instituto -club que lo vio crecer futbolísticamente-.

Todos esperan que La Joya pueda comenzar a relucir en la Argentina. Y qué mejor que este contexto familiar, cálido, calmo, que le brinda su Córdoba natal y este nuevo ciclo en el que el recambio propone refrescar a la Selección.