Un proyecto fue aprobado por el Senado en general y ahora se tratará en detalle. Aceptaría que trabajen por “cuenta propia” los niños que obtengan una autorización especial. La edad mínima establecida es de 14 años. El tema no es sencillo: son los mismos chicos los que exigen que no les pongan limitaciones.

Bolivia debate una polémica ley en la que aprobaría que los menores que a partir de diez años quieran trabajar “por cuenta propia” puedan hacerlo con la autorización de la Defensoría de la Niñez. De aprobarse, el nuevo proyecto del Código Niño, Niña y Adolescente dará mucho que hablar porque se corre de los dictámenes internacionales en cuanto a trabajo infantil se refiere.

Si bien la ley establece que la edad mínima para trabajar es 14 años, los niños de diez podrán hacerlo de manera independiente si así lo solicitan. El proyecto ya fue aprobado en general en el Senado y ahora será tratado en detalle. De ser sancionado, entrará en vigencia en agosto de 2015.

Como Estado miembro de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Bolivia ratificó el Convenio 138 sobre la edad mínima de admisión al empleo y dispuso que sea de 14 años. Esta decisión está plasmada en el Código Niño Niña y Adolescente, en concordancia con la Ley General del Trabajo. Según un informe de Unicef, los avances normativos en el país son considerables en esta materia, pero, según la Encuesta de Trabajo Infantil realizada por el Instituto Nacional de Estadística (INE) el año 2008, hay 850 mil niños, niñas y adolescentes bolivianos que trabajan, lo que representa que el 28 por ciento de la población entre 5 y 17 años realiza varias actividades laborales, y más del 87 por ciento está inmerso en las peores formas de trabajo.

El tema no es sencillo ni menor. Primero por lo que significa el trabajo infantil y la importancia de preservar a los niños en la escuela, sino porque es justamente desde el mismo ámbito de los niños en donde el gobierno de Evo Morales encuentra una feroz resistencia a la hora de querer prohibir el trabajo infantil antes de los 14 años.

Ya a fines del año pasado, cuando el gobierno tenía decidido aprobar el proyecto de ley que fijaba los 14 años como la edad mínima para trabajar, la protesta de los chicos logró postergar la decisión. Tras serios disturbios, con represión policial incluida, Evo debió recibir a 30 niños y adolescentes en el Palacio Quemado, encabezados por el jefe del sindicato de niños trabajadores, Henry Apaza, de 13 años. Ellos no quieren que se prohíba el trabajo infantil a menores de 14 años.

Desde los 8 años, Sergio M. hace ladrillos en la cantera de Alpacoma, en La Paz. Con los ojos cubiertos por lentes protectores, emerge fatigado de la polvareda roja y explica a la agencia Afp: “Trabajo para ayudar a mis papás y para tener mis cosas”. Al igual que él, centenares de miles de niños bolivianos son agricultores, arriesgan sus vidas en las entrañas de las minas o hacen lo que sea para subsistir. Hasta el propio Evo Morales cree que los menores deben trabajar para desarrollar “conciencia social”.

De hecho, los niños son un segmento muy importante del ámbito laboral boliviano, especialmente porque ofrecen mano de obra barata o gratuita, si trabajan para la familia. El primer presidente indígena del país recuerda que él mismo tuvo que trabajar como niño pastor de llamas. “Por supuesto, no se puede explotar al niño, pero a veces la necesidad obliga a trabajar”, dijo el propio Evo.

Ahora, el texto de la norma con las modificaciones, incluye una serie de observaciones que los niños y adolescentes, apoyados por educadores, acordaron durante una reunión, el pasado 3 de junio, con el presidente del Senado, Eugenio Rojas, informa el diario español El País.

La denominación “por cuenta propia”, que abarcaría a los niños a partir de diez años con autorización y a los mayores de 14, se refiere al desempeño del menor que “sin formar parte de la actividad familiar o comunitaria realiza sin que exista relación de subordinación o dependencia laboral”. En las áreas urbanas, la principal actividad que realizan “por cuenta propia” es la de lustrabotas.

En la normativa quedan prohibidas algunas actividades que ponen en riesgo su salud, su integridad y su formación y los expone al maltrato físico, psicológico o moral. Se prohíbe específicamente el trabajo en la cosecha de caña de azúcar y de castaña, en la minería, en las ladrilleras, en el expendio de bebidas alcohólicas y recolección de desechos que afecten a la salud, además otras prohibiciones como el modelaje que implique imagen erótica, el trabajo en amplificación de sonido y en el manejo de maquinaria peligrosa.

No obstante, imponer las limitaciones en las áreas rurales será complicado. En el seno de las familias de los pueblos originarios es una cuestión cultural el tema del trabajo; forma parte de de su aprendizaje e inclusión en la familia.

El trabajo infantil peligroso, dice Unicef, ya que pone en riesgo su salud, su integridad y su formación y los expone al maltrato físico, psicológico o moral, que puede ocasionarles daños para el resto de sus vidas. El organismo sostiene que los niños, niñas y adolescentes deben estar en la escuela recibiendo educación y adquiriendo habilidades que los preparen para acceder a un trabajo digno y decente en su vida adulta. El ingreso prematuro al mercado laboral les priva de esos dos derechos fundamentales para que ellos, sus familias y sus comunidades salgan del ciclo de pobreza.