La policía antimotines disparó gases lacrimógenos y granadas de aturdimiento en la ciudad de Sao Paulo para dispersar a miles de manifestantes que protestaban contra el Mundial de Fútbol, algunos de los cuales arrojaron piedras, quemaron llantas y bloquearon rutas.
Muchos están indignados por el gasto de miles de millones de dólares al que ha incurrido el gobierno para organizar el torneo, dinero que -aseguran- preferirían ver invertidos en proyectos sociales y viviendas.

También hubo protestas en muchas otras ciudades, incluida Río de Janeiro, en las que además se llevaron a cabo huelgas de policías, maestros y otros empleados públicos. Centenares de personas marcharon a la hora punta en una vía principal de Río, donde se jugará la final del Mundial el 13 de julio.
“Lo que ocurrió este jueves muestra que las protestas callejeras siguen siendo un reto importante para el Mundial de Brasil, en términos de seguridad e imagen”, indica el corresponsal de BBC Mundo en Río de Janeiro, Gerardo Lissardy.
Sin embargo, Lissardy señala que la mayoría de las marchas fueron pacíficas y para haber sido una “manifestación de manifestaciones”, como decían sus organizadores, se trató de algo limitado, con algunos miles de personas en un país de 200 millones.
“En todo caso, refleja la dificultad que tienen los activistas antiMundial para recrear la agitación social masiva que hubo en Brasil durante la Copa de Confederaciones de junio, cuando las protestas tenían un apoyo mayor que ahora según encuestas”, agrega Lissardy.
“Nada bueno”
El Mundial “no trae nada bueno para la población”, aseguró Allan Modesto, un profesor de español que participó de la protesta en Río.
“Mi escuela no tiene nada bueno, no tenemos aire acondicionado ni computadoras y tendremos Copa: es una cosa que me duele en el corazón y no puedo aceptar eso en mi país”, dijo Modesto a BBC Mundo.
Protesta en Sao Paulo
En Sao Paulo una de las protestas fue cerca del estadio en el que se jugará el primer partido del Mundial.
Las manifestaciones comenzaron temprano en Sao Paulo, donde una de las protestas más grandes fue en el distrito de Itaquera, cerca del estadio Arena Corinthians, donde se jugará el primer partido de la Copa.
“Nuestra meta es simbólica”, dijo Guilherme Boulos, jefe del Movimiento de los Trabajadores Sin Techo. “No queremos destruir ni dañar el estadio, sino más derechos para que los trabajadores tengan acceso a la vivienda y que los pobres sientan los efectos de la Copa”.
Es decir, casas construidas según los estándares de la FIFA.
La mayoría de los brasileños apoyará finalmente a la Copa cuando esté en marcha, señala Wyre Davies, corresponsal de la BBC en Río. Pero están descontentos con su costo -US$15.000 millones- esencialmente dinero público.
“Brasil aún es un país en desarrollo, con mucha desigualdad y un alto nivel de pobreza”, añade. “Y cuando surge un flamante estadio de fútbol en un suburbio de Sao Paulo, cerca de favelas llenas de gente a la que no le alcanza el dinero para vivir, se ve claramente de dónde viene el conflicto”, acota Davies.
“Si estas protestas atraen entre 5.000 y 10.000 personas cada vez que surgen, será demasiado difícil para la policía”, agrega Davies al indicar lo que podría pasar si se desarrollan durante el evento deportivo.
Protesta en Sao Paulo
El gobierno teme que la violencia estalle durante el Mundial.
El gobierno trató de minimizar los disturbios de este jueves.
“Por lo que he visto, son reclamos específicos de trabajadores”, declaró el ministro de Deportes brasileño, Aldo Rebelo. “No vi nada relacionado con la Copa Mundial”.
“No hay razón para entrar en pánico en previsión de la llegada de tres millones de turistas brasileño y 600.000 extranjeros”.
Gary Duffy, corresponsal de la BBC en Sao Paulo, también cree que las protestas son vistas por el gobierno como un indicio de los desafíos de seguridad que podrían enfrentar durante el Mundial, que empieza el próximo 12 de junio.
Agrega que, en este escenario signado por la Copa y las elecciones presidenciales este año, muchos grupos han encontrado una oportunidad para presionar al máximo al gobierno.
Saqueos
Las protestas coincidieron con varias huelgas, incluida una de la policía en el estado nororiental de Pernambuco.
El ejército prestó apoyo adicional después de algunos robos y saqueos, al entrar el paro en su tercer día.
Recife, la capital estatal, será sede de cinco partidos durante el Mundial.
Con todo, las recientes protestas han sido menores que las de junio del año pasado, en las que más de un millón de personas protestaron contra los servicios públicos deficientes, la corrupción y el alto costo de la Copa.
Esa ola de protestas motivó a la presidenta Dilma Rousseff a proponer un referendo sobre la reforma política y a comprometerse a invertir US$25.000 millones en transporte público, una de las demandas de los manifestantes.