Es para poder conseguir trabajo rápidamente. Además, coinciden con los psicólogos, en el miedo que les genera la universidad.

Egreso, dulce egreso. Aquel último año del secundario suele convertirse en la etapa escolar más esperada y revolucionaria. Pero ¿qué pasa después del brindis; incluso antes de recibir los diplomas?

Más allá de las teorías, las hipótesis y el contexto económico, social y cultural de la provincia y el país, los adolescentes contaron cómo viven la previa a la universidad, en unos casos, y la búsqueda de un trabajo, en otros. Así predominan tres grupos: los que saben realmente qué quieren hacer, acompañados por sus padres y/o su propia vocación; los que tienen una idea, aunque con varias dudas, pero idea al fin; y los que realmente atraviesan un período de incertidumbre total. Ahora, como patrón, la gran mayoría pasa por alguna sensación similar al miedo, por el cambio que significa el cierre de una etapa y la apertura de otra desconocida. Además, crece la tendencia de optar por carreras más cortas para poder insertarse rápidamente al mundo laboral.

“En realidad, muchas veces la demanda del programa viene de los propios padres. Pero brindamos este programa que tiene la función de que el adolescente se interrogue. Y cuando viene uno con una certeza absoluta, también hace ruido. Igual es cierto que escuchamos mucho esto de: ‘Mi papá dice que haga lo que quiera’. Esto tampoco ayuda mucho, porque ellos se encuentran solos a la hora de elegir. Además, en muchos, la elección vocacional tiene que ver con el tiempo de la carrera, si es más o menos corta”, explicó la psicóloga y encargada del Programa de Orientación Vocacional y Ocupacional, de la Universidad Nacional de San Luis (UNSL), Valeria Polo, quien luego describió cómo afecta el cierre de una etapa y el inicio de otra desconocida.

“Ellos se sienten angustiados, con muchas dudas, por ejemplo de no saber si la carrera que eligieron es la correcta. Entonces por un lado tenemos los que están por egresar, y por el otro, los que ya comenzaron el trayecto. Se trabajan cosas diferentes, pero tienen un conflicto igual”, afirmó.

Sergio Rascovan, psicólogo de Buenos Aires y especialista en salud mental, contó que si bien no hay demasiados puntos comunes entre las consultas que recibe, la mayoría sí enfrenta “una cuestión inaugural en el mundo de la decisión”. “En todos los que terminan el secundario aparece la pregunta de manera más intensa, es como que todos están igualados en la problemática de tener que elegir algo, aunque la forma particular de enfrentarla sea diferente. Pero hay algo del orden de la incertidumbre que atraviesa a este grupo, y que está reforzada por condiciones sociales que hacen una vida más incierta respecto a otros escenarios que eran más regulares, contenedores y con más posibilidades de inclusión social”, indicó el especialista para diferenciar el contexto actual con el de años anteriores.

“Por ahora me parece que voy a trabajar, porque no tengo ni idea qué otra cosa hacer. En la escuela hubo como un curso de orientación, pero no me gustó mucho”, dijo sin problemas Flavio Oros, del Colegio Nº 7 “Manuel Belgrano”, mientras que su compañero, Gianfranco Correa ya tiene decidido qué quiere hacer de grande: “Hace tiempo que pienso en diseño gráfico, porque si bien no tiene nada que ver con mi familia, siempre me pareció interesante. Además, no es tan larga”.

Ni bien terminaron el desfile por el 25 de Mayo, los alumnos del último año del Colegio Industrial contaron que el curso está dividido entre los que sí saben qué estudiar y los que están en duda o los que directamente piensan trabajar.

“Voy a hacer ingeniería electromecánica. Tiene que ver con la orientación de la escuela y con mis gustos personales, y no de mi familia”, explicó Jesús Escudero, al igual que Leandro Garay, quien, si bien no tiene definido qué carrera seguir, le gusta todo lo relacionado a la mecánica. “Me gusta porque mis tíos son bien ‘fierreros’. Pero no sé muy bien, no estoy decidido. Quiero algo que no dure tanto”.

En el caso de Alan Benítez, de lo único que está convencido es de su pasión por la computación. “Va a ser algo relacionado a la informática, pero todavía no lo he planeado bien. Pasa que este año todo avanza muy rápido. Y en la escuela no tuvimos ningún test”.

En coincidencia con la visión de los psicólogos, los chicos reconocieron que el paso hacia la educación superior genera temores, dudas y un signo de pregunta más grande que los que vieron en los trimestrales de Historia y Lengua.