Tras cinco meses del despido y dos de acampe, los trabajadores de Canale de Llavallol se mantiene en pie de lucha para poder constituirse como cooperativa y volver al ruedo. “Estamos dispuestos a aguantar el tiempo que haya que aguantar”, aseguró el delegado Nicolás Macchi.

Cuenta que tiene 35 años, está casado y tiene hijos chicos. Su compañera está desocupada, pero se lo escucha firme y con fe en lo que viene, pese a que de “medio lejanas” las chances de cobrar la indemnización.

“No confiamos en que puedan llegar a pagar algo”, dice tajante el maquinista balancinero que proyecta su fuerza en sus compañeros: de 86 que quedaron en la calle cerca de 60 seguirán en la cooperativa.