Muchos adultos entienden la virtualidad como algo falso y no advierten que lo que sucede en Internet tiene profundos y duraderos efectos en la vida real, explica el psicólogo uruguayo Roberto Balaguer Prestes, especialista en violencia escolar.

En los últimos años nos hemos ido convirtiendo en una cultura donde las realidades de los espacios físicos materiales coexisten con las realidades digitales. Ese cambio trascendental no logra aún modificar la idea de muchos adultos que entienden la virtualidad como algo falso y no advierten que lo que sucede en Internet tiene profundos y duraderos efectos en la vida real. Por ejemplo, el cyberbullying, que tiene consecuencias muy reales.

Definido como el maltrato o acoso sistemático de alguien percibido con más poder que otro, y a través de la tecnología disponible, es uno de los nuevos fenómenos sociales que despierta la atención de padres, docentes y psicólgos.

Hoy, nuestros hijos y alumnos viven “en conexión” permanente: o sea, hiperconectados. Es indiscutible que las nuevas formas de estar en el mundo de los más jóvenes se encuentran fuertemente atravesadas por la tecnología. Por ello, entender y prevenir el cyberbullying se torna imprescindible.

¿Qué aportan las tecnologías al fenómeno del bullying?

El teléfono solía ser hasta hace una década atrás un dispositivo doméstico para llamar desde un lugar fijo a otro y hablar con una persona. Muchas cosas han cambiado desde que existen los teléfonos celulares. Hoy también son una potente arma para ejercer el cyberbullying.

Enviar mensajes de texto es el eje de la conducta adolescente en relación con los celulares. Según señala el Informe de Nielsen (2010) el 43% de los adolescentes menciona los textos como la razón principal para tener un celular. Precisamente la sensación de estar en sintonía con lo que ocurre en el ambiente hace tan adictivas las redes sociales. Paralelamente, cuando se dan fenómenos de cyberbullying, resulta muy difícil para el joven “desconectarse de la vida social virtual”.

Para muchos victimarios aquello que comienza como “sólo una broma”, se les termina yendo de las manos frente a la replicación que encuentran en las redes.

Los círculos sociales se han ampliado para los chicos, que al llegar a los trece años, ya tienen cerca de quinientos amigos en los entornos sociales. Y amigos de Facebook no es igual a amigos y ellos lo saben. Eso no está en discusión. La distinción es propia de los adultos y su necesidad de separar virtual de material. Lo cierto es que la vida digitalizada nos permite llegar a círculos de personas a las que antes, dadas las limitantes geográficas, no teníamos acceso. Al mismo tiempo, las redes sociales han dejado al descubierto los círculos que antes nos eran invisibles.

Los jóvenes, por lo general, intentan minimizar el hecho de que su accionar en la red deja rastros digitales. Quieren creer que Facebook funciona en una suerte de universo paralelo, que no es parte de la “vida real”. Negar los peligros es propio de esa etapa de la vida signada por el riesgo. Las cosas “les pasan a los otros”. Los chicos admiten que suelen tomar recaudos y protegerse en relación con los demás pero no siempre con ellos mismos. Nuestros hijos piensan que nadie presta demasiada atención a su presencia y a sus dichos (“todo es broma”) y que su accionar queda restringido a su grupo de amigos. Amparados en esa fantasía pueden actuar de formas de las cuales luego podrán arrepentirse.

Grabando videos, tomando fotos, usando el photoshop en fotos robadas a compañeros de clase, tomando identidades ajenas de Facebook, o en los foros, o creando páginas de Facebook, se pueden llevar a cabo todo tipo de actos de acoso.

De un estudio llevado a cabo por Ybarra (2004) se desprende que el 84 % de los acosadores conocía a sus víctimas, mientras sólo el 34 % conocía a su agresor. Este puede ser cualquiera, desde un desconocido hasta un amigo íntimo. Esto es algo propio del cyberbullying que también lo diferencia del bullying tradicional.

Vale aclarar que el cyberbullying, la modalidad de acoso entre pares, pero ahora en el ámbito de la Red, no podemos decir que sea causada por la Web. Las redes sociales podrán ser culpadas de estos males sociales, pero lo cierto es que ellas no los crean, sí favorecen su rápida difusión así como también ayudan a identificar a los acosadores más fácilmente de lo que era posible anteriormente, a pesar de que el cyberbullying se denuncie menos que el bullying.

Consecuencias del cyberbullying

Juvonen & Gross (2008) plantean que el 90 % de las víctimas de cyberbullying no lo denuncian, la que representa una cifra que debería llamarnos la atención.

De ese porcentaje, el 50 % no lo hace porque cree que debe aprender a lidiar con ello y el 31% por miedo a que le restrinjan el acceso a internet. No olvidemos que según el estudio del año 2010 del Centro Annenberg para el Futuro Digital de la Universidad del Sur de California, el 57% de los padres recurren a la quita de Internet como castigo frente a las inconductas de los hijos. Como decíamos antes, la vida adolescente sin Internet es una vida recortada.

El cyberbullying acrecienta en dos veces la posibilidad de intento de suicidio que algunos autores describen como cyberbullicide. La víctima entiende que no tiene salida ni lugar donde guarecerse de los ataques que provienen de cualquiera en cualquier momento y recurre a la autoeliminación.

Mostrarles que las mismas reglas éticas, morales del mundo material debieran seguirse en el ámbito de la virtualidad no sólo no está de más, sino que resulta imprescindible para guiarlos en sus accionares digitales. Manejarse con ética en los contextos virtuales puede ser un gran aporte a su identidad digital.

De ahí la importancia de conocer los entornos y de guiar a los jóvenes en estos nuevos derroteros para hacer de ellos ciudadanos del mundo, responsables de sus dichos y sus actos en todo tiempo y lugar.

Obrar bien o mal, no está pautado ni por un celular, ni por una red social. Los mensajes de texto, las páginas de Facebook pueden ser un lugar para cultivar amistades, ampliar el capital social o un territorio para, escudados en el anonimato y la facilidad de difusión, marcar para siempre la vida propia y la de los otros.

¡Consejos útiles para padres!

– Para el uso de los más pequeños se sugiere ubicar la computadora en un lugar común de la casa, donde la máquina sea visible.

– Establecer como criterio que los niños más pequeños naveguen en la red cuando un adulto esté en la casa. Es una manera simple de evitar una serie de problemas.

– Orientar a nuestros hijos adolescentes acerca de los peligros del uso incorrecto de Internet y las redes sociales, ya que forma parte de las necesidades que tienen los jóvenes para manejarse adecuadamente en el mundo virtual.

– Ayudarlos a no publicar ningún material que pueda ser ofensivo para los otros. Nunca se sabe el efecto que estas publicaciones pueden causar en los otros ni las consecuencias que pueden tener para nuestros hijos.

– Existe en el mercado software para la protección que permite bloquear sitios web, a partir de una lista configurable. Se pueden adquirir controladores del tiempo de conexión y navegadores para niños.

– No utilizar la computadora como chupete electrónico, sino como un potente objeto cultural de acceso al conocimiento, al juego, etc.

– Visitar el historial de navegación (Ctrl + H) enla barra de herramientas de Internet para tener una ideal del recorrido de sus hijos.

Fuente: Roberto Balaguer Prestes (Psicólogo uruguayo. Miembro del Comité Académico del 3º Congreso sobre Violencia en las Escuelas)

Nota: El 3º Congreso Internacional sobre Violencia en las Escuelas se desarrollará del 5 al 7 de junio de 2014 en la FCE-UBA. El autor tiene a su cargo el área denominada “Hiperconectados: Identidad digital. Socialización en redes. Vidas en conexión”. Es psicólogo. Magister en Educación. Investigador y consultor en TICs y Educación. Ex asesor en educación para Plan CEIBAL (OLPC en Uruguay).