LAS FUERZAS EMERGENTES AGITARON A LOS VOTANTES CON DURAS CRÍTICAS A SUS RIVALES EN BUSCA DE UNA GRAN MOVILIZACIÓN CONTRA EL BIPARTIDISMO, MIENTRAS EL SOCIALISMO INSISTIÓ EN SER LA ÚNICA ALTERNATIVA PARA ECHAR AL ASPIRANTE A LA REELECCIÓN, EL CONSERVADOR MARIANO RAJOY.

En el cierre de campaña de las elecciones más reñidas de la historia de España, las fuerzas emergentes agitaron a los votantes con duras críticas a sus rivales en busca de una gran movilización contra el bipartidismo, mientras el socialismo insistió en ser la única alternativa para echar al aspirante a la reelección, el conservador Mariano Rajoy, quien advirtió del riesgo de que una coalición de la izquierda radical que lleve al país a la “ruina”.

“El mejor antídoto contra el inmovilismo y el populismo es la alta participación”, aseguró Albert Rivera, candidato del nuevo partido liberal Ciudadanos en el cierre de su campaña en la plaza de Santa Ana, en pleno corazón de Madrid.

Por su parte, Pablo Iglesias, el candidato del partido de izquierda Podemos, sostuvo ante una multitud en Valencia que “ya no hay excusas para votar con una pinza en la nariz”, porque “cada voto cuenta y nos acerca un poco más al cambio”.

A un día de la elección, con sondeos que otorgan un triunfo muy ajustado a su Partido Popular (PP), el presidente Mariano Rajoy también se lanzó con fuerza para intentar frenar el auge de los emergentes, cuyo avance le podría costar la reelección.

Rajoy alertó de una posible alianza entre el opositor Partido Socialista (PSOE) de Pedro Sánchez y Podemos, sumado a “unos cuantos nacionalistas y otros cuantos de extrema izquierda”.

“Si quieres que gane el PP, vótalo. Y si quieres que España no vuelva a la ruina, también vótalo”, remarcó en Valencia, en su acto más concurrido de campaña, según informó el partido en un comunicado.

“Aquí hay un gran partido político que no es un producto de marketing, que no es una sola persona y que no se ha creado en un estudio de televisión”. “Es un partido que tiene 40 años de existencia con mucha gente que ha trabajado muy duro”, subrayó el líder conservador en uno de sus bastiones históricos en los que se encuentra en claro retroceso.

El Jefe del Ejecutivo repitió el mismo mensaje más tarde en Madrid, donde se dirigió a sus simpatizantes en un acto final de campaña que hizo coincidir con la tradicional cena navideña del PP. Allí dijo que “ocho o nueve partidos” se unirán con tal de desalojar al PP de La Moncloa.

“No estamos para jugar a la ruleta rusa, no se puede tirar por la borda todo lo que hemos hecho”, remarcó en línea con su mensaje de campaña, centrado en presentar al PP como garantía de seguridad económica y de que España seguirá unidad frente al desafió separatista catalán.

Para su acto final, el socialista Sánchez eligió Fuenlabrada, territorios conocidos como el “cinturón rojo del sur madrileño”, que, no obstante, cayó en poder del PP en la pasada legislatura.

“No han conseguido hundirnos, aquí estamos en pie y hoy el Partido Socialista es más necesario que nunca”, dijo.

Sánchez reiteró el mensaje que había desplegado horas antes en Barcelona, otro de los graneros del voto socialista, pero que las encuestas auguran pasará a Podemos: “Ni naranja ni morado, hay que sacarle tarjeta roja al PP”, sostuvo.

El líder socialista remarcó que la única forma de lograr que Rajoy dimita dos años después de haber enviado el famoso mensaje de texto (“Luis sé fuerte) a su ex tesorero Luis Bárcenas, en prisión por una investigación de corrupción, es votando al PSOE.

Los últimos sondeos situaron a Sánchez detrás de Rajoy, a una distancia de unos 5 puntos, con Ciudadanos y Podemos por detrás, pero a medida que avanzó la campaña, los socialistas fueron perdiendo terreno en detrimento de los emergentes.

Si bien Rajoy no obtendría una victoria con mayoría suficiente para gobernar, Sánchez necesita quedar al menos segundo para tener la posibilidad de forjar un pacto opositar para derribar al PP, algo que ahora mismo resulta imposible al tenor de los posicionamiento de los partidos emergentes, que se niegan a apoyar a ambos.

Por ahora, todos apunta a un escenario donde no habrá un ganador claro, por eso, lo que más parece importar es lo que ocurra en las negociaciones posteriores, ya que ni Rajoy tiene garantizada su continuidad sin el apoyo de otro partido.

El líder de Ciudadanos, que dio apoyo al PP en la comunidad de Madrid y al PSOE en Andalucía, dice que ahora no lo hará ni entrará en ningún gobierno de coalición. Tampoco está dispuesto a dar sus votos para un pacto de perdedores y mucho menos a Podemos.

Insiste en que quiere gobernar o pasará a la oposición. Para ello necesita una gran movilización.
“Demostremos que somos capaces de ganar a la vieja política y al populismo. Europa nos está mirando. Cuando España se moviliza puede cambiar”, afirmó Albert Rivera, lanzando dardos por igual contra el PP, PSOE y Podemos.

Rivera intentó diferenciar de muchas formas de la fuerza de Pablo Iglesias, que igualó y superó a Ciudadanos en un punto en algunas de las encuesta en un tramo de la campaña, pero la más clara fue en lo que respecta a el conflicto secesionista de Cataluña.

“Siempre nos opondremos a cualquier ocurrencia y a cualquier partido que quiera hacer un referéndum para romper España”, subrayó.

Si bien logró reunir a unas 3.000 personas que con bufandas naranjas y banderas coparon una plaza en el centro de Madrid, un territorio que en los últimos años ha sido lugar de referencia del movimiento de los “indignados”, de donde nació Podemos, Rivera no pudo competir en concurrencia con Iglesias.

El líder de Podemos tuvo una noche dorada en Valencia, donde 10.000 personas lo acompañaron y lo aclamaron como “Presidente”.

La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, con su habitual lengua afilada, y la líder de Compromís, Mónica Oltra, lo acompañaron sobre el escenario y lo impulsaron.

“Nosotros no somos neutrales, vamos a hacer política para defender a las mayorías”, subrayó Iglesias, que criticó con dureza al PP de Rajoy.

El candidato de Podemos pidió el voto de la gente “pequeña, humilde, corriente”, para “dar una lección a los poderosos, a su soberbia y a sus grito”.

“Estamos preparados para encabezar un Gobierno y liderar una nueva Transición. Hemos llegado al final de la campaña con posibilidades de ganar y el nerviosismo se nota en los representantes de lo viejo. Estamos preparados para gobernar”, sentenció.