“Voy a ser presidente de los argentinos”, dijo anoche. Al gobernador bonaerense lo criticó por su silencio: “No dice lo que piensa porque por ahí Cristina lo reta”.

Entre cierto nivel de autocrítica por los “errores” cometidos y un esfuerzo por recuperar la épica perdida a golpe de deserciones, Sergio Massa ratificó anoche que seguirá en la carrera presidencial. Lo hizo en una declaración a la prensa que duró ocho minutos, en el histórico edificio que alberga el Museo de Arte de Tigre, el lugar “donde anuncia las decisiones importantes”, según recordaban sus colaboradores.

Al filo del cierre del plazo en la medianoche para la inscripción de alianzas electorales, el tigrense puso fin de esta manera a varias semanas de especulaciones sobre el rumbo que iría a tomar, en paralelo con la persistente caída en la intención de voto que empezó a registrar desde fines del año pasado, y la diáspora de dirigentes con peso territorial que saltaron de regreso al oficialismo o buscaron cobijarse en el PRO de Mauricio Macri.

La puesta en escena elegida distaba de un “renunciamiento” o de sugerir que iría por el premio menor de la provincia de Buenos Aires. Massa habló desde un atril de espaldas a dos columnas doradas y banderas argentinas a los costados, con un pasillo al fondo, un encuadre parecido al que se usa en la Casa Blanca para los mensajes presidenciales. Para no perder impacto en los noticieros debió esperar a que Cristina Kirchner terminara su discurso por cadena nacional desde la ex ESMA.

Apenas empezó a hablar, Massa contó que su hijo le había dejado un mensaje sobre la cama: “Vamos papá que podés”. Y sostuvo que había sido “el motor más fuerte”.

“Yo no busco un cargo. Soy joven, y cometí errores”, dijo el tigrense en un gesto de humildad bien calibrado por sus asesores. “A aquellos que pretendieron usar su poder para corrernos, para sacarnos de la cancha, acá estamos. Este soy yo”, dijo. Recién en la última frase despejó todas las incógnitas: “Voy a ser presidente de los argentinos, voy a ser candidato a presidente de los argentinos”.

Massa no leyó las tres carillas del discurso que le prepararon pero se ajustó bastante a su letra. En los borradores había expresiones duras hacia Daniel Scioli y Mauricio Macri, pero se prefirió centrar el mensaje en el espacio y en “reconocer errores”. El tigrense criticó a los “candidatos del silencio”, y solo mencionó a Scioli que “no dice lo que piensa porque por ahí lo reta Cristina”. A Macri, con quien buscó infructuosamente un acuerdo, lo aludió como aquellos que “hablan de cambio” sin dar definiciones. Pero no lo atacó.

Massa recordó que el Frente Renovador nació “para ponerle un límite” al kirchnerismo, y que frenó la idea de “Cristina eterna y de algunos que querían modificar la Constitución”. Buscó darle una explicación a la sangría de dirigentes: “La gente no lo sabe pero hay un desafío en construir una fuerza política sin aparato del Estado, se pelea contra el látigo y la chequera”, argumentó. “Nos metimos en el barro de la política. Ese barro nos hizo cometer errores. Nos hicieron desviar del eje central, que es la gente”, agregó.

Se fue sin contestar preguntas. Tampoco dijo cómo seguirá. En el primer piso del Museo, entre cuadros de la valiosa colección que incluyen obras de Quinquela Martín y Severo Rodríguez Etchart, el fiel intendente massista de Junín, Mario Meoni, confirmó a Clarín que ya había sido inscripta ante la Justicia electoral la alianza Unidos por una Nueva Argentina (UNA), conformada por siete partidos, uno de ellos el Frente Renovador. Massa dirimirá así en las PASO la candidatura presidencial con el gobernador cordobés José Manuel de la Sota.

Como indicó Clarín ayer, tras la declinación –y alejamiento del espacio– de Francisco de Narváez, el diputado Felipe Solá podría ser precandidato a gobernador bonaerense, casillero donde también está anotada Mónica López. La esposa de Massa, Malena Galmarini, podría ir de vice de Solá o como candidata a diputada.