Renca será escenario de una nueva conmemoración por el Día del Granadero Puntano, y el 218º Aniversario del Nacimiento del Cnel. Juan Pascual Pringles, en la Plaza Granaderos Puntanos.

El acto central se desarrollará el viernes 17 de mayo a las 12:00  en la Plaza Granaderos Puntanos de la localidad de Renca, con un desfile cívico-militar.

El historiador Urbano Joaquín Núñez, que realizó un extenso trabajo histórico sobre Juan Pascual Pringles, señaló que “en la iglesia matriz de la ciudad de San Luis, el 12 de julio de 1795, el teniente cura fray Félix Sosa puso óleo y crisma a Juan Pascual, español, de dos meses, hijo legítimo de don Gabriel Pringles y de doña Andrea Sosa”.

Indicó además, que “según tradición familiar, nació el día de San Pascual Bailón, un 17 de mayo y es muy posible que haya visto la luz en esta misma ciudad”. Esta fecha es la que se tomó como día oficial del nacimiento, teniendo en cuenta algunos datos referenciales.

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“Pringles se incorporó al Regimiento de Milicias de Caballería de San Luis, en el que revistaba como alférez el 10 de octubre de 1815”, indica Núñez como fecha de inicio de su vocación por las armas y afirma que con este mismo grado fue dado de alta en el Regimiento de Granaderos a Caballo el 8 de noviembre de 1819. El Coronel Juan Pascual Pringles se distinguió por su arrojo en la vida militar; hizo la campaña del sur de Chile y en el Perú con el Ejército de los Andes y en la playa de los pescadores, durante el combate de Chancay, su decisión y coraje le valió el escudo de honor con la leyenda que decía “Gloria a los Vencidos de Chancay” entregada por el General San Martín. Único caso que el Libertador de América condecoro a un oficial después de haber perdido una batalla.

Cuando estaba Pringles con muy pocos soldados a su mando y arrinconado contra los acantilados de Chancay y frente a un enemigo con fuerzas muy superiores en números, el jefe realista le pedía su rendición. En héroe, antes de rendirse o ser prisionero se lanzó a caballo hacia el precipicio cayendo al mar.

Su gesto suscito la admiración de los vencedores que lo invitaron a retornar a tierra con todos los honores, figurando en los libros de guerra del general realista Valdez un caso nunca visto de tanta valentía.