Le pidió que se postule para la gobernación bonaerense y dejó a la fórmula Scioli-Zannini sin competencia en la PASO K. Randazzo mostró resistencia y hoy contestará.

El día comenzó a las 07.30. Florencio Randazzo entró a la Casa Rosada y reunió a su equipo más íntimo en su despacho, el mismo lugar donde la noche anterior había recibido la noticia de que Carlos Zannini acompañaría a Daniel Scioli en la fórmula presidencial del kirchnerismo. Con gran malestar por haber quedado sin margen para competir en las PASO presidenciales, el ministro del Interior y Transporte no pudo dar ninguna certeza a sus funcionarios. La mañana se pobló de rumores de que renunciaría y de que rechazaría cualquier otra candidatura distinta a la presidencial, entre ellas la de la gobernación bonaerense. Fue justo ese el ofrecimiento que le hizo la Presidenta unas horas más tarde. Hasta anoche, no se conocía la respuesta del ministro.

Unas pocas puertas separan el área del ministerio del Interior de la secretaría Legal y Técnica, donde las sensaciones de la jornada de ayer fueron antagónicas: la “felicidad” que mostró Zannini -principal operador político de la Presidenta- por la decisión tomada, distaba mucho del silencio y conmoción que se vivió en las oficinas de Randazzo.

Al mediodía, Randazzo fue a la Quinta de Olivos, donde lo esperaba Cristina Kirchner. No le dejó muchas opciones: le pidió que se baje a la Provincia para competir por la gobernación bonaerense. No es la opción que más seduce al funcionario, que siempre se encargó de señalar que si no resultaba candidato presidencial, se iría a su casa. En ese encuentro estuvo también Zannini, que hasta hace pocos días era el principal impulsor de la candaidatura de Randazzo.

La incertidumbre marcó el clima de trabajo en las oficinas del ministro. Un llamado cerca de las 13 despertó la expectativa. “Reúnan a todo el equipo”, fue la orden. Cuarenta minutos después, Randazzo ingresó nuevamente a gobierno y fue directo a su oficina. No pasó media hora hasta que las puertas se abrieron y un grupo de veinte personas salió del lugar. Nadie tenía buena cara. Ante la presencia de los periodistas, Diego Santana, el operador político del Randazzo, ordenó con un gesto al grupo de funcionarios que ninguno hablara.

Vestido de manera informal, algo poco habitual en él para un día hábil, Randazzo se retiró a las 15.30 de Balcarce 50 con un pantalón gris y un sweater del mismo color, sin hablar con la prensa. Desde su entorno reiteraron durante todo el día la misma frase: “No podemos hablar”. Atrás del ministro salió su mano derecha, Ariel Franetovich, quien un día antes, cuando todo el Gobierno ya sabía que Zannini acompañaría a Scioli en la fórmula K, calificó el anuncio del gobernador bonaerense como una “operación política”. Ese detalle dejó  al descubierto que la novedad era desconocida para el equipo de Randazzo.

El ex precandidato presidencial no volvió a la Casa Rosada. Estas son horas  decisivas para su futuro político: hoy debe anunciar si acepta bajar a la Provincia con una lista única. La oferta incluyó como posible vice a Eduardo “Wado” de Pedro, secretario general de la Presidencia y uno de los jefes de La Cámpora. Aceptar sería un acto de obediencia a Cristina y obligaría a los demás aspirantes a la gobernación a no participar de las PASO. Ayer fue el día de la resistencia de Randazzo a la propuesta, pero hoy sería el día clave para comunicar qué decisión tomó.

Quien sí volvió a Balcarce 50 fue Carlos Zannini. Llegó a las 17.05, sonriente, caminando tranquilo por la explanada de la Casa de Gobierno. Por primera vez en el día, se detuvo a hablar con la prensa, aunque pidió que no le hagan demasiadas preguntas. “Acepté con orgullo el pedido de la Presidente y acompañaré a quien fue vicepresidente de Néstor Kirchner”, fue lo primero que dijo. Después definió la fórmula con Scioli como “la continuidad del cambio” y eligió no responder a las consultas sobre el futuro político de Randazzo. Evadió con una sonrisa el momento y después de exclamar “¡Cómo no voy a estar feliz!”, ingresó a su despacho, donde dos horas después recibió al gobernador bonaerense y su compañero de fórmula.

No pasó mucho tiempo hasta que Scioli salió de la oficina y, distendido, contó: “Con Zannini estuvimos planificando la organización de la enorme responsabilidad que tenemos por delante”. Para desmentir que Cristina le haya impuesto a su acompañante, dijo que el FPV “es el espacio más coherente, previsible y confiable que ahora tiene una fórmula que se basa en las convicciones y no en la imposición”. Sin embargo, minutos después aclaró que todas las decisiones “las toma quien conduce el espacio”.

Más tarde, dedicó unos minutos a elogiar a la Presidenta. Dijo que tiene una “inquebrantable lealtad” hacia ella. También avisó  que le resulta muy gratificante “después de doce años tener una conversación amable con ella”. Scioli se mostró con aire triunfante , salió de la oficina de Zannini y paso enfrente del despacho de Randazzo, pero de él no quiso hablar. “Por respeto no voy a opinar”, dijo.

El desfile de funcionarios y gobernadores que venían a consultar qué lugar les habían reservado en las listas legislativas o ejecutivas del Frente Para la Victoria le puso ritmo a la tarde en la Casa de Gobierno, donde funcionarios, empleados y periodistas esperaban las definiciones de Randazzo. Igual que en este último caso, se fueron con pocas certezas.