La llegada al poder de Narendra Modi atemoriza a la minoría musulmana. Inquietud por la relación con Pakistán.

La coalición de centroderecha hindú Bharatiya Janata Party (BJP), del candidato a primer ministro Narendra Modi, obtuvo una aplastante victoria en las elecciones legislativas de India. Así le puso fin así a una década de gobierno de la dinastía Gandhi, que se fue desgastando al ritmo de la corrupción y las desigualdades económicas.

Modi, un nacionalista de 63 años y representante radical del hinduismo, prometió encarnar un poder fuerte para relanzar la voluminosa economía de India. Sus opositores aseguran, sin embargo, que es intransigente y afirman que la minoría musulmana está seriamente preocupada con su llegada al poder. Esto es porque todos recuerdan su paso como gobernante del estado de Guajarat, donde en 2002 los enfrentamientos étnicos-religiosos terminaron en la matanza de más de 1.000 musulmanes.

La otra cuestión que siembra cierta inquietud es cómo será su política con el vecino Pakistán, de mayoría musulmana. Ambos países, que poseen peligrosos arsenales nucleares, mantienen un legendario conflicto por Cachemira, que actualmente pertenece a la India pero que los pakistaníes reclaman como propio. Ya hubo dos guerras entre ambos.

En estos comicios el electorado respaldó ampliamente al BJP (que significa Partido Popular Indio). Obtuvo 272 bancas en el Congreso de las 543 que estaban en juego, lo que le da la mayoría absoluta y le permite formar gobierno sin necesidad de negociaciones. Dejando atrás su imagen polémica y controvertida, Modi se mostró conciliador. “Necesitamos llevar a India hacia adelante para cumplir los sueños de los 1.200 millones de indios. En democracia no hay enemigos, sólo hay oposición. Tomaré vuestro amor y lo convertiré en progreso”, prometió a la multitud que festejaba su triunfo.

El veredicto en las urnas fue una enorme bofetada para el Congreso del Partido, que había vuelto al poder en 2004 pero que gobernó la India con pequeñas interrupciones desde la independencia del país, en 1947. Y pone en evidencia el deseo de muchos indios de que mejoren la situación económica y las condiciones de vida en el país, que registra una fuerte inflación, una corrupción desmedida y una elevada tasa de desempleo.

Modi no sólo consiguió el apoyo de los nacionalistas hindúes en estos comicios, sino también el de la población más pobre del país, que tradicionalmente votaba al Partido del Congreso por sus programas sociales. “Respetamos esta decisión.

Asumo mi responsabilidad en esta derrota ”, dijo Sonia Gandhi, presidenta del partido, en términos muy similares a los de su hijo Rahul, quien dirigió la campaña. Rahul Gandhi –hijo de Rajiv Gandhi y nieto de Indira Gandhi, dos ex primeros ministros asesinados en funciones– llevó a cabo una campaña considerada floja por los analistas. “Lo hemos hecho bastante mal. Como vicepresidente del partido asumo mi responsabilidad”, aceptó Rahul.

Varias potencias mundiales ya felicitaron a Modi, entre ellos Gran Bretaña y Estados Unidos. También lo hizo el primer ministro paquistaní, Nawaz Sharif, quien desde hace un año intenta mejorar las tirantes relaciones con su vecino indio.

Modi prometió darle impulso a la economía de India, el segundo país más poblado del mundo. Tras una década de crecimiento superior al 8%, el PBI de la tercera economía asiática –detrás de China y Japón– está en fase de desaceleración, y ronda el 5 %.