Es un paso previo para sumarse al tratado de Ottawa, que prohíbe este tipo de explosivos.

En un giro de la postura que mantuvo hasta ahora, Estados Unidos anunció que no producirá ni adquirirá más minas antipersonales, ni siquiera para mantener su arsenal actual. Es el paso más decisivo de Washington para sumarse en el futuro al tratado de Ottawa, que prohíbe el uso de estos explosivos considerados como uno de los que más daños indiscriminados ocasiona en el mundo.

El acuerdo de la Convención de Ottawa lleva 15 años de vigencia y cuenta con la adhesión de 161 países. Sin embargo, todos estos años eludieron su firma Estados Unidos, Rusia, China, Pakistán e India, países que desarrollaron un considerable arsenal de minas antipersonales.

La decisión estadounidense fue notificada ayer al finalizar la tercera conferencia de revisión del Tratado de Prohibición de Minas que se celebró en Mozambique. A través de un comunicado, la vocera del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Caitlin Hayden, sostuvo que “Estados Unidos ha dado pasos para dejar de producir o adquirir minas terrestres antipersonales en el futuro, y para no reponer el inventario de las que expiren”. Y agregó que también se están buscando mecanismos para adherir al tratado de Ottawa.

Se estima que Estados Unidos dispone de unos 9 millones de minas antipersonales. Según aseguran las autoridades militares, la última vez que recurrieron a ellas fue durante la Guerra del Golfo, en 1991.

Hace tres años el Pentágono tomó una medida auspiciosa cuando se comprometió formalmente a dejar de utilizar las llamadas “minas persistentes”, que pueden seguir activas durante años tras el fin de un conflicto.

La organización Human Rights Watch tomó con cautela el anuncio de Washington, aunque estimó que es una decisión importante. “Finalmente Estados Unidos ha salido de las sombras al indicar que tiene intención de unirse al tratado de minas terrestres. Esperemos que se muevan con rapidez para subirse a bordo”, afirmó Steve Goose, director de asuntos armamentísticos de la institución.

En opinión de Goose, con este paso Estados Unidos reconoce que el tratado es el mejor marco para que el mundo se vea libre algún día de estos explosivos, algo que podría ayudar a otros países a seguir el mismo camino.

Bill Clinton, cuando era presidente, prometió que su país tomaría medidas para poder unirse al tratado en 2006. Pero más tarde la administración del republicano George W. Bush suspendió esos avances en 2004, en el punto álgido de las guerras de Irak y Afganistán.

En 2009, apenas llegó al poder, el presidente Barack Obama ordenó revisar las políticas del Departamento de Defensa y Estado sobre el uso de minas antipersonales, y las iniciativas de prevención y limpieza de campos minados. Sin embargo, hasta ahora no ha habido avances significativos.

Los países más afectados por las minas antipersonales son Colombia, Vietnam, Laos, Camboya y Afganistán, aunque también hay varios estados de África. Se calcula que anualmente este tipo de artefactos mata a más de 30 mil personas, la mayoría de ellos civiles, y deja un número indeterminado de mutilaciones.