El ex jefe del Ejército egipcio, Abdel Fatah al Sisi, ganó las elecciones con un 96% de los votos, según conteos provisionales, una victoria que legitima el poder del Ejército. Esto sucedió a menos de un año de la destitución del único presidente civil, el islamista Mohamed Morsi, y con la abstención de más de la mitad del padrón.

Tras el anuncio de la victoria, vaticinada por todos los expertos desde que el mariscal retirado Sisi derrocó a Morsi el 3 de julio de 2013, las calles de El Cairo se llenaron de miles de partidarios del nuevo presidente. Esta victoria era esperable, en un país en el que las voces disidentes fueron reprimidas y los opositores, juzgados y encarcelados.

También cuestiona la legitimidad, el abstencionismo y el hecho de que las autoridades añadieran un tercer día de votaciones para levantar la concurrencia. Finalmente, la participación fue del 47%, es decir 25 millones de votantes.

Los Hermanos Musulmanes, partidarios del depuesto Morsi, fueron las primeras víctimas de esta implacable represión lanzada por Sisi que ha dejado más de 1.400 muertos y cerca de 15.000 detenciones.

Ahora el objetivo de las fuerzas del orden y de la justicia son los jóvenes progresistas.

“Es una victoria para la estabilidad”, declaró Tahar Jaled, un egipcio que se hallaba en la plaza Tahrir, centro neurálgico de las protestas de la Primavera Arabe de comienzos de 2011, que acabaron con el régimen del anterior presidente, Hosni Mubarak.

Los observadores de la Unión Europea dijeron ayer que las elecciones, que duraron tres días, “respetaron la ley”, pero consideraron que “la ausencia de actores” de la oposición había “comprometido la participación libre en los comicios”.

Tres años después de esa revolución que derrocó a Mubarak –también un militar, como todos los presidentes egipcios desde la caída de la monarquía en 1952–, los activistas de los derechos humanos acusan a las autoridades de haber instaurado desde julio de 2013 un régimen aún más autoritario que el de Mubarak. “El triunfo de Sisi devuelve al país a una configuración que no se esperaba volver a ver después de las revoluciones árabes de 2011”, afirmó Karim Bitar, director del Instituto de relaciones internacionales y estratégicas.

“Poca gente podía imaginar tras la caída de Mubarak que, tres años más tarde, sería elegido con un 96% un mariscal con lentes de sol, sin haber hecho campaña o haber presentado un programa electoral. Resultaba impensado pero sucedió así”, continuó este especialista en la región.