Habló casi tres horas, pero omitió cuestiones como la inseguridad, el avance del narcotráfico y el impacto de la devaluación. Componedora, dedicó elogios y guiños al macrismo y a los radicales.
Con un discurso componedor hacia la oposición y las críticas enfocadas a los empresarios, las automotrices, los docentes y la Justicia. Sin referencias directas a las dificultades que afronta su Gobierno ni anuncios concretos sobre proyectos legislativos, Cristina Kirchner cerró su discurso de apertura de las sesiones ordinarias con la idea de “rescatar” la concertación entre los partidos “populares, democráticos y nacionales” y un pedido de ayuda para lo que le resta como Presidenta: “Debemos estar más unidos que nunca para poder seguir adelante”.

Sin mencionar la inflación, pronunció su primera crítica a los grupos económicos a los dos minutos de su discurso y al rato, sin mayores precisiones, anunció el impulso de “instrumentos que defiendan” a los usuarios y consumidores. “No hay ningún justificativo para aumentos de precios por encima de valores que no se condicen con la realidad y que saquean el bolsillo de los argentinos”, indicó. También cuestionó a las automotrices al desestimar el impacto del impuesto a los autos de lujo y apuntó a los bancos por las “ocho corridas cambiarias”.

Pero a diferencia de enero, cuando denunció una desestabilización de “movimientos especulativos”, ayer priorizó el relato positivo: “La economía ha vuelto a crecer y estamos volviendo a completar el período de crecimiento económico con inclusión social más virtuoso en 200 años de historia”.

Los opositores remarcaron las nulas referencias al narcotráfico y otras dificultades.

En un marco cuidado para evitar desbordes de los militantes kirchneristas, el recinto de Diputados lució colmado aunque esta vez sin banderas, sólo se escucharon cantitos en su llegada y apenas cayeron unos pocos papelitos. Su discurso, de dos horas cuarenta y cinco minutos, también funcionó para apaciguar eventuales polémicas: aun con algunas ironías, evitó la confrontación con los opositores e incluso les dedicó elogios y guiños a los radicales y el macrismo.

Asistieron una decena de gobernadores, el Gabinete en pleno, secretarios y sindicalistas afines al Gobierno, y entre las presencias incómodas a Amado Boudou -con un protagonismo acotado por las cámaras- le siguieron el jefe del Ejército, César Milani, y Luis D’Elía en uno de los palcos. La movilización con clima festivo se desarrolló afuera, con el aporte de las agrupaciones nucleadas en Unidos y Organizados, intendentes y algunos gremios.

Más que a anunciar novedades en cuanto a proyectos, la Presidenta abundó en números sobre los diez años del kirchnerismo y abordó temas de coyuntura. En plena paritaria docente consideró “ un parto” el inicio de clases cada año por la discusión salarial y azuzó con el presentismo: “¿Es justo que el que va todo el año y se pela el que te dije cobre lo mismo que el que va cada muerte de obispo o agarra cuanta licencia tiene a mano?”. Dedicó un tramo a defender el acuerdo con Repsol por la expropiación de YPF -elogió al ministro de Economía, Axel Kicillof, y al secretario legal y técnico Carlos Zannini- y también la privatización de la compañía en el menemismo: “Para las provincias petroleras había sido un muy buen negocio”.

También sin precisiones habló de “sacar alguna normativa de respeto a la convivencia ciudadana” para limitar los piquetes, de cara al eventual aumento de la protesta social. “No puede ser que 10 personas te corten una calle, por más razones atendibles que tengan”, dijo la Presidenta, y generó la ovación de los legisladores macristas. Luego llamó a las fuerzas políticas a elaborar propuestas para que la Justicia pueda interrogar a los acusados por el atentado a la AMIA -de algún modo una autocrítica por el Memorándum con Irán- y presentó el “año de los codificadores” por la reforma del Código Civil y Comercial, el nuevo Código Penal y la elaboración de un proyecto de Código de Procedimiento Penal y otro Contencioso Administrativo. En el medio coló el anuncio de una inversión de 1.212 millones de dólares para renovar la totalidad de los trenes de la región metropolitana y el Gran Buenos Aires.

En pasajes descontracturados bromeó sobre una charla con Mauricio Macri, con coincidencias sobre la demora del fiscal en la toma en Villa Lugano, y en la que acordaron llevar el monumento a Colón a Puerto Madero (ver pág.54). En ese tramo aprovechó para cuestionar a la Justicia, a la que luego endilgó que un “poco de control popular no le viene mal a nadie”. De los radicales elogió la “tradición democrática” en contraposición con el pasado del PJ y a Sergio Massa lo ignoró. El kirchnerismo y un puñado de opositores aplaudieron de pie el apoyo al gobierno de Venezuela. En su clásico repaso sobre la gestión incluyó citas del Banco Mundial para refutar críticas sobre el “relato” y ponderó que el país es el mayor consumidor de gaseosas: “También revela lo que ha sido y es el consumo en la Argentina”.