El nacionalista hindú, Narenda Modi, arrasó en las elecciones y se prepara para convertirse en el nuevo primer ministro del gigante país asiático.
Ningún otro político crea tanta división en la India como Narendra Modi, quien se prepara para convertirse en el nuevo primer ministro del gigantesco país asiático. La coalición de centroderecha que encabeza su partido, el opositor Bharatya Janata Party (BJP) arrasó en las elecciones legislativas con una mayoría absoluta de bancas, 320 de 543, poniendo fin a diez años de poder de la dinastía Gandhi-Nehru, desgastada por un crecimiento económico endeble y una corrupción rampante.

Sus seguidores ven en Modi, de 63 años, un gestor eficiente, que como jefe de gobierno de su estado natal, Gujarat, logró controlar la extendida corrupción y atraer a inversores. Su compañero de partido de muchos años, Yamal Vyas, alaba al nuevo “hombre fuerte” del país. “Duerme cinco horas al día y trabaja casi las restantes 19 horas, cada día”.

Pero sus adversarios lo definen como un hombre con sed de poder, intolerante y autoritario. “Es un tipo diabólico que destruye a cualquier persona a quien considera un peligro”, dice el periodista R.K. Mishra.

El ascenso de Modi al poder de una potencia nuclear enemistada por un largo conflicto territorial en Chachemira con otro coloso nuclear y musulmán como Pakistán, inquieta sobremanera a los observadores internacionales.

Son especialmente los musulmanes, que representan alrededor de un 15 por ciento de la población India, los que tiemblan ante la llegada al poder del nacionalista hindú. Bajo su gobierno en Gujarat, turbas hindúes masacraron, violaron, mutilaron y quemaron a más de 1.000 musulmanes sin que él levantara un dedo. Hay estudios políticos que califican esos disturbios violentos como “pogromos”, porque suspuestamente estuvieron inducidos por el poder del estado.

Modi ofrece un amplio espacio para la identificación: pertenece a una casta baja, se crió en condiciones humildes en la ciudad de Vadnagar, famosa por sus templos, y ayudó a su padre a vender té en la estación de tren. Hoy es un excelente orador, habla un hindi bastante ordinario y evita el inglés, asociado con las élites de Delhi.

Su vida privada es un misterio. Nunca aceptó el matrimonio concertado por sus padres durante su infancia y vive solo en su residencia de Gujarat, donde está orgulloso de mostrar su colección de pájaros.

En su juventud habría pasado varios años en el Himalaya en una especie de viaje iniciático antes de lanzarse en cuerpo y alma a la política, granjeándose una reputación de excelente organizador.

Él se define a sí mismo como amigo de todos. “También los musulmanes quieren puestos de trabajo y un buen gobierno”, afirmó. Cuando construya carreteras, todos podrán circular por ellas, prometió.