En 2013, Daniel Salto obtuvo el tercer puesto en el concurso “San Luis te publica tu primer libro”, por el policial “El Cadáver de Mackenna”. Actualmente, a los 54 años, cursa el secundario junto a su mujer y escribe su quinta novela. La historia del “poeta mecánico” que pone el acento en la fantasía, la ciencia y lo social.

En 2013, Daniel Salto obtuvo el tercer puesto en el concurso “San Luis Te publica tu Primer Libro”, por el policial “El Cadáver de Mackena”.

En 2013, Daniel Salto obtuvo el tercer puesto en el concurso “San Luis Te publica tu Primer Libro”, por el policial “El Cadáver de Mackenna”.

“¿Ustedes quieren saber para quién escribo? Escribo para los que sueñan, ¡y me incluyo! Para los que dejaron de amar, para los que nunca amaron, para los que necesitan de ese amor, ¿Y saben por qué? Porque hay nuevos continentes esperando florecer de entre los mares cuando estos que tanto laceramos se sumerjan, cuando este globo cambie los polos y los glaciares congelen nuestras almas. Porque tal vez un día la luna se escape de la atracción terrestre, disfrazándose al espacio y al clima. Será un caos que arrasará todo sentimiento. Quizás una lluvia de rocas estelares nos envuelvan con nubes tóxicas que borrarán hasta los besos del subconsciente”, dice Daniel Salto en su texto titulado “Antes que florezcan los mares”, escrito hace 15 años.

Al autor se le nota la marca que deja el autodescubrimiento: párpados bajos, empujados por un brillo musical que sólo salta verde cuando hay eco en otra cara.

Basta con hacer silencio y tener paciencia para verlo. Salto, lentamente, desliza sus palabras hasta que lleguen al corazón de un asunto. Y aunque no es un lector riguroso, este escritor con aire a Paulo Coelho, y estudiante del Plan de Inclusión Educativa, va por su quinta novela.

Hay una manera de conversar, o gritar, ante un mundo implosivo, amenazante, enfermizo. El artista se esfuerza por torcer más lo insólito dentro de ese diálogo que responde a una afirmación.

“Para finalizar-continúa el fragmento- les digo: Escribo con la esperanza de que antes que esto suceda, el amor haya hecho estragos en el odio humano. En síntesis: escribo para el AMOR. Palabra con dos vocablos y dos consonantes que conjugan el verbo amar. Son sinónimo de todo y sus letras unidas tienen sustantivos propios y comunes, su antónimo es nada y el mejor adjetivo está en nosotros”.

Carlos Daniel Salto nació el 2 de enero de 1961, en Capital Federal. Hijo único, que al poco tiempo vivió en Ituzaingó. Sus amigos lo comparaban con Felipe de la historieta Mafalda, por la cantidad de fantasías que se le ocurrían. Desde la adolescencia, sus primeras páginas ya comenzaban a parecerse a un acto de resistencia.

“Para los que no tenemos mucho dinero es buenísima la fantasía porque viajás para todos lados sin un centavo”, bromea.

La imaginación corona casi dictatorialmente su escritura ya que desplaza a cualquier lectura ajena.

“Me cuesta leer porque se me dispara la mente a otro tipo de historia paralela a la que estoy leyendo. Mi fantasía supera lo real, digamos”, expresa dibujando un círculo con su ancho índice. “Pero si tengo que levantar una pared no pienso `uh esto va a tocar el cielo´, levanto la pared y listo”, aclara.

Salto está en pareja hace 22 años con Carola De Luca. En el 97 llegaron a San Luis y tienen cuatro hijos. “El poeta mecánico” lo apodan acá por su oficio, pero además, Daniel hace albañilería, plomería y es carnicero. Ha trabajado como sereno, mozo y taxista. “Como uno cuando arma un motor ensambla piezas, la literatura también tiene un ensamblado de palabras”, contesta, aunque a la forzada pregunta para comparar los trabajos le faltan tuercas. Insiste: “No escribo ni bajo presiones sentimentales, ni como terapia. No uso la literatura para sentirme mejor. Escribo porque es una pasión”. Punto.

A los 53 años, Salto obtuvo el tercer puesto en el concurso “San Luis te publica tu primer libro”, por la novela policial “El Cadáver de Mackenna”. También ha escrito cuentos y algunas de sus tantas poesías pasean por España.

Entre los 25 y 27, Daniel empezó a garabatear su primera novela que se llama “Títeres de la sociedad”.

– No tengo rutina. Escribo según lo que salga en el momento. Nunca tengo un final. A medida que voy escribiendo me van saliendo las cosas, no tengo una forma de escribir pautada. No sé lo que va a pasar en la página siguiente.

– ¿Pero cómo sabe que lo que escribe le sirve para un libro?

– Porque escribo, sigo y sigo, y se me hacen novelas y ya voy por la quinta que se llama “Nébula”.

“Nébula” está en dos cuadernillos espiralados. Son casi 200 páginas escritas a mano. La trama inicia cuando un protagonista intergaláctico contacta a un joven acostumbrado a indignarse con la sociedad mediante su cuenta de Facebook.

Allí, uno de los tantos elementos que crea el autor son moléculas de agua, es decir, ordenadores cuánticos que permiten viajar por el universo. Además, para las pirámides de Egipto, inventa el Oxlón, un pegamento que une granos de arena hasta formar pesados bloques.

– ¿Qué lugar ocupa la ciencia en sus textos?

– Mucho, pero yo le pongo mucha fantasía y muchas suposiciones mías, quizás no tengan nada ver con la realidad o quizás en el futuro esté acertado. De Julio Verne decían que era un loco porque había creado las naves voladoras.

Volver a estudiar

“Empecé y tengo la obligación conmigo mismo de terminar”, comparte Salto mientras cruza los brazos. El novelista cursa el secundario en el Plan de Inclusión Educativa en la Escuela “Pancha Hernández”. Durante el acto de bienvenida, Daniel se ganó varios elogios tras recitar sus memorizadas poesías.

“Algunos compañeros me decían que cómo podía ser que me cueste estudiar si escribo tan bien. Pero son dos cosas distintas”, indica el “poeta mecánico”.

“A los 54 años me parece más difícil todo, aparte uno está peleando por el mango y siempre tiene la cabeza en esa parte, por eso escribir no me desenchufa sino que es un compromiso con algo que me gusta. Hay escritos míos que tienen que ver con lo social más que con la fantasía. Y las novelas también tienen bastante contenido social. Son trabas que se le ponen a la humanidad”, explica mientras se raspa la mano por la pera con barba.

Daniel cursa con su mujer. “Ella tiene el cuarto año completo. Yo terminé el séptimo grado y nunca más pisé una escuela. Lo que me ayudó con la ortografía para escribir son los millones de crucigramas que hice en mi vida”, se enorgullece. “Igual, una gran ayuda que tengo ya sea en la ortografía o en las frases que armo es mi compañera, ella es la primera persona que escucha lo que escribo”, agrega. Carola ceba otro mate y ríe.

Acerca del PIE, Salto opina: “Me parece de excelencia esto de que la gente tenga la posibilidad de terminar sus estudios y sentirse realizado en algo, porque se ha manejado mucho la ignorancia que le conviene al poder, y acá en San Luis están despertando a la gente para que tenga una base para un futuro de trabajo y muchas cosas”.

Ensayar la vida

En su ensayo “Paréntesis, un cuestionario a mis controvertidas dudas”, publicado mediante la revista “El Viento” en 2009, el escritor se presenta:

“En sentido figurado, soy el estereotipo de un incontrolable y muchas veces irascible decidor, que aunque parezca la antítesis de todo lo que se esparce en estos tímidos renglones, tratan de expresar los sentires de un apasionado amante de lo que debería ser vivir en sociedad, y soy el resultado de la misma”.

– Después de que recibió el premio de San Luis Libro, ¿cree que ha cambiado en algo lo que decía en ese ensayo, en su manera de mirar o sentir el mundo?

– Tengo una visión de la sociedad que es diferente a la mayoría. Yo miro la vida desde otro punto de vista, no soy de las cosas materiales. Yo si quiero a una persona no le digo te regalo este celular porque te amo, yo se lo digo. La gente feliz no se llena con un celular de último modelo o lo mejor. Lo que te tiene que hacer feliz es que tus hijos estén bien, que tu pareja te necesite y acompañe, o poder levantarte a la mañana y tener una persona a tu lado para que te diga ‘buen día’, esas cosas son importantes. O salir a los paisajes maravillosos que hay acá en San Luis y decir qué hermoso verdor o qué hermosos cerros. De esa manera me manejo en la vida, quizás a contrapelo de la sociedad.

– ¿Esto tiene que ver con lo que usted dice en el ensayo acerca de la sociedad que no deja mostrar del todo la sensibilidad de la gente?

-En cierto sentido sí, la gente se ha insensibilizado en los últimos años por la tecnología.

– En otra parte, habla de los buenos de la sociedad, ¿quiénes serían?

– Las amistades, los familiares. Yo soy muy amiguero. Me gusta entregar lo que siento y demostrárselo a la gente. A veces, me arrastra esta sociedad y me confunde a mí también en los espacios que ocupan los avances tecnológicos o la dejadez humana. Me parece que todos los días cada ser humano tendría que proponerse ser mejor.

Acerca del PIE, Salto opina: “Me parece de excelencia esto de que la gente tenga la posibilidad de terminar sus estudios y sentirse realizado en algo".

Acerca del PIE, Salto opina: “Me parece de excelencia esto de que la gente tenga la posibilidad de terminar sus estudios y sentirse realizado en algo”.

Hace dos años el novelista sufrió un ACV. Como consecuencia, se olvidó algunos textos inéditos y tuvo que volver a memorizar los poemas que recita en cada rincón. A pesar de que tiene un dolor crónico en su pierna, Salto se esfuerza por hacer changas, estudiar, escribir y ser la columna de su hogar, ubicado al sur de la ciudad. Motín de su lucha antitecnológica es el celular pequeño con teclas gastadas que usa para llamar o enviar mensajes, solamente.

Por donde anda pone la mira en los humildes, en los anónimos. Su arte se compromete a tender puentes, entre ciencia, fantasía y contenido social. Quizás para atravesar los estanques de la nostalgia y, cada tanto, sacudirse la propia rebeldía. Quizás también porque lo inspiran León Gieco, Silvio Rodríguez, Mercedes Sosa, Sui Generis y el tango.

Escribir así es tender hacia algo más, indescifrable desde la primera línea, infinito por más que tenga punto final. En esa búsqueda, hay palabras que movilizan, y aunque es débil la voz puntana en sus escritos, se nota que el autor ha caminado por las calles de San Luis contra el Chorrillero.

La pregunta madura y cae:

– ¿Qué le dio la literatura?

Salto piensa mientras toma su mate rojo de Independiente y sostiene: “La literatura me dio aplausos y regocijo del alma, encontrar gente que se enamora de lo que escribo y me pide que siga escribiendo. Si algún día me da otra cosa, se la dejaré a mis hijos”.

Nota: Matías Gómez.