Un balcón de cristal a más de 400 metros de altura, en uno de los rascacielos más altos de América, se resquebrajó con cuatro turistas sentados encima. Mirá.

Cuatro amigos decidieron sacarse “la” foto en “la cornisa”, una de las principales atracciones turísticas de Chicago, ubicada en la cima de la Torre Willis, a más de 400 metros de altura: un balcón compleamente transparente, paredes, piso, todo. El problema fue cuando, una vez sentados sobre el vidrio y dispuestos a posar con la ciudad asomando 103 pisos más abajo, el cristal empezó a crujir y a resquebrajarse. El susto de sus vidas.

Ni hablar que la foto del vidrio roto tomada por el turista Alejandro Garibay se convirtió en un fenómeno viral. Por suerte nadie resultó herido. Pero el balcón, claro, quedó cerrado hasta nuevo aviso. El accidente ocurrió en la noche del miércoles durante la visita de dos hermanos latinos de California y su primo que vive en Chicago a la Willis Tower, en realidad la antigua Torre Sears, la tercera más alta de América, después de la Torre CNNy el One World Trade Center de Nueva York.

Según informaron medios locales, Alejandro Garibay escuchó un crujido cuando entraron a uno de los cuatro balcones de vidrio que sobresalen de los lados del rascacielos y vieron que el piso se resquebrajaba.

“Fueron solamente unos segundos pero sentí mucho miedo”, admitió.

Los administradores del edificio informaron que estas cajas tienen una plataforma con un vidrio de tres pulgadas y medio de espesor que aguanta hasta cinco toneladas de peso.

“El resquebrajamiento se produjo en la capa de pintura que protege el vidrio de la plataforma, no afectó la estructura y en ningún momento supuso un peligro para los visitantes”, aclaró rápidamente Bill Utter, vocero del edificio.

El Departamento de Edificios de Chicago envió inspectores al lugar e informó de que la atracción continuará cerrada por lo menos hasta hoy mientras se realizan las reparaciones del caso.

Ubicada en el piso 103, “la cornisa” es una de la atracciones más populares de la ciudad desde su inauguración en 2009, porque en su interior tienen la impresión de quedar suspendidos en el aire y muy cerca de las nubes.