Sacó el 25% de los votos y es la primera fuerza del país. Pasaría de 3 a 23 eurodiputados.

La extrema derecha francesa sacudió ayer los estamentos de la Unión Europea, liderada por un Frente Nacional que provocó un sismo político en Francia al convertirse en la primera formación gala en las elecciones legislativas europeas.

La agrupación liderada por Marine Le Pen logró una victoria histórica obteniendo entre el 25% de los votos, por delante del partido conservador UMP (20 a 21%) y relegando al gobernante Partido Socialista, que se ubicó en el tercer lugar, consiguiendo entre 14 y 15%. Esta es la primera vez que el Frente Nacional encabeza una elección a nivel nacional y supera el 20% de los votos. Enviará 23 diputados a Bruselas, contra los tres que tenía hasta el momento.

“Es un resultado histórico. Somos ahora el primer partido de Francia”, indicó Florian Philippot, vicepresidente del FN. Para la ministra socialista francesa Ségolène Royal, este resultado es un “golpe a escala global”. De inmediato, el Frente Nacional pidió la disolución de la Asamblea Nacional francesa, dejando en evidencia la confusión de géneros entre las cuestiones nacionales y europeas de esta elección marcada tradicionalmente por una alta abstención y en la que los que acuden a las urnas lo hacen, en parte, para ejercer un voto castigo al gobierno nacional.

El premier francés, Manuel Valls, dijo que la victoria de la ultraderecha es “un terremoto” y que las instituciones europeas y los gobiernos deben responder “muy rápido” para estimular el crecimiento y el empleo.

Le Pen, de 45 años, logró convertir al partido fundado en 1972 por su padre, Jean–Marie, en la primera formación política de Francia, derrotando a la derecha gaullista de la UMP y humillando al Partido Socialista del presidente François Hollande.

La estrategia elegida en estos años por Le Pen, quien se alejó de las posiciones más extremistas de su padre, fue despojar a la organización de su prédica antisemita y xenófoba, aunque esas corrientes sigan teniendo cabida de modo más subterráneo y camuflado. Gracias a esa táctica, cambió a la extrema derecha francesa, convirtiéndola en un fenómeno político menos marginal que en el pasado.

En el 2002, Jean–Marie Le Pen había obtenido un resultado similar, que dejó en shock a Francia, al acceder al balotaje de las elecciones presidenciales en el que fue derrotado por Jacques Chirac, quien obtuvo el 82% de los votos tras un emotivo llamado a la unidad nacional anti–FN.

Ex abogada, madre de tres hijos, Le Pen logró “limpiar el rostro” del FN de las proclamas racistas del padre, quien días declaró que para afrontar el problema de la inmigración en Francia alcanzaba con “tres meses de Ebola”, el virus mortal que se difundió en algunas zonas de África.

Marine se opone a la moneda única euro –está a favor de la restauración del franco– y al ingreso de la inmigración al país, y quiere en cambio impulsar el proteccionismo comercial francés.

“La UE debe devolver lo que ha robado”, destacó Marine Le Pen tras conocer los primeros resultados a boca de urna, recordando por otra parte “la debilidad de la élite europea”. También subrayó “las traiciones” cometidas supuestamente por ese grupo de dirigentes nacionales, que ahora –precisó– “debe devolver al pueblo su soberanía para construir otra Europa, la de las naciones libres”.

“Si Alemania es el corazón económico de la UE a causa de la incompetencia de nuestros líderes, Francia ha sido –y seguirá siendo– el corazón político de Europa. Todo lo que ocurre en nuestro país anticipa lo que mañana ocurrirá en toda la UE”, agregó.