La mayoría de los muertos son civiles de gente que no pudo huir. La Franja es una trampa.

 

El cadáver de una mujer desatendido a un lado de la carretera que une el paso fronterizo de Erez con la plaza Hamouda, en el barrio de Beit Lahia, es la primera visión de la muerte en Gaza.

Se hace el silencio entre la treintena de periodistas extranjeros que acaban de entrar en la Franja en un autobús fletado desde la ciudad, tras horas de esperas y coordinaciones con las autoridades israelíes y los conductores locales. “Muchos taxistas no quieren venir aquí, no lo están haciendo ni las ambulancias a recoger este cadáver. Es peligroso”, explica Mahmud Jaber, uno de los organizadores del transporte y conocido empresario palestino. Es una prisión abierta para 1,8 millones de personas.

En el barrio de Shujaiya, que el pasado domingo vivía la peor masacre desde el inicio de la operación “Margen Protector” con más de cien muertos palestinos, algunos de los cuerpos aún no habían sido retirados el martes. “Están disparando a las ambulancias y también al personal sanitario, a las mezquitas, a la escuelas, la población civil no sabe adonde huir”, comenta Noor Harazeen, residente en la ciudad de Gaza. El mismo domingo también perdían la vida 13 soldados israelíes.

Las calles de la otrora urbe ruidosa, plagada de coches, viandantes o carros tirados por burros, está hoy casi desierta, em especial de noche cuando se intensifica el fuego de artillería desde el mar o los bombardeos por aviones o drones israelíes. “Hace muchos días que no duermo bien”, asegura Mahmud, uno de los socios de PMP, una de las productoras audiovisuales que da servicio a la prensa extranjera y cuya sede fue bombardeada en la ofensiva de 2012. Sus ojeras, muy oscuras, le delatan. “Esta vez es peor”, explica. “Hace un año y medio por ejemplo sabíamos cuáles eran los objetivos, los edificios públicos de Hamas. Ahora no, pueden bombardear cualquier sitio. No hay lugar seguro¨, afirma.

Según estadísticas de la ONU el número de víctimas mortales entre los palestinos alcanzaba ayer as 620 y da la impresión de que el promedio de muertes –que con la operación terrestre se ha multiplicado respecto de las 12 primeras jornadas de campaña aérea– va a continuar durante los próximos días. Por ello el Secretario General de la ONU, Ban Ki Moon, de visita en la zona, pidió contención al Gobierno israelí (Ver pág. 22). No obstante el premier Benjamín Netanyahu insistió en que quien pone a los civiles en peligro es Hamás. “Le pedimos a la gente que salga, una y otra vez. Los llamamos, les enviamos textos, lanzamos panfletos para que se vayan,…, pero Hamas les dice que no salgan, que está prohibido”, dijo Netanyahu al Servicio Árabe de la BBC.

Pero en Gaza muchos de los que se quedan en casa es porque no tienen adonde ir, porque se niegan a dejar sus pertenencias o porque temen las represalias de Hamas, una vez que termine esta crisis, si así lo hacen. A pesar de ello el número de desplazados internos se ha doblado en los últimos 3 días y ya supera los 100.000, según la agencia de la ONU para los refugiados palestinos.

Además del problema creciente de proveer alojamiento, manutención y atención médica, las organizaciones internacionales se enfrentan al desabastecimiento de agua corriente, dado que los bombardeos han dañado el sistema de extracción y distribución del agua corriente por la Franja. “En estas condiciones la población de Gaza prefiere morir”, explica Hamed Kishta, natural de Rafah pero ahora en la ciudad de Gaza. “Mucha gente es pobre, están desesperados y la situación económica es la peor en décadas”, añade. Este gazatí afirma que casi 200.000 personas están desempleadas en la Franja, que otros 70.000 recién licenciados universitarios no tienen donde trabajar después de terminar sus estudios.

“La miseria hace que la gente prefiera morir por un bombazo antes que perecer por falta de recursos en esta cárcel”, asegura.

Sin embargo, la mayoría de quienes opta por la vida, aunque sea de desplazado, sigue acudiendo a las decenas de escuelas que la ONU en Gaza. Por segunda vez los asistentes para los refugiados encontraron varios cohetes dentro de una de sus escuelas, que en este caso estaba vacía.

La propia agencia emitió un comunicado condenando la violación de sus instalaciones por las milicias y su uso como cobertura de la actividad armada. “Ambos bandos están asumiendo demasiados riesgos, por lo que al final los que están pagando con sus vidas son los ciudadanos de a pie, especialmente mujeres y niños”, señala Hamed Kishta, natural de Rafah. “Como la comunidad internacional no haga algo rápido y aborde desde una solución política volveremos a tener una cuarta guerra en espacio de otros dos años”, añade Kishta.