Fue a raíz de una feroz ofensiva del gobierno de Kiev contra los separatistas pro rusos de la ciudad de Slaviansk.

Fuerzas que responden al gobierno de Kiev y milicias pro rusas protagonizaron ayer intensos combates en las afueras de Slaviansk, el bastión de la sublevación en el sureste de Ucrania, que provocaron al menos 15 muertos y más de 50 heridos.

Estos episodios se suman a distintos enfrentamientos callejeros en diferentes ciudades ocurridos el fin de semana.

De acuerdo a datos provisorios disponibles anoche al cierre de esta edición, había cinco militares muertos y unos 30 heridos en las filas gubernamentales, mientras que sumaban 10 los fallecidos y 25 los heridos entre los prorrusos, incluso civiles.

El episodio de ayer es un nuevo eslabón de la espiral de violencia a la que ha sucumbido Ucrania, que ya está virtualmente al borde de la guerra civil. Los conflictos estallaron en febrero cuando cayó el gobierno pro ruso de Ucrania y Moscú reaccionó en contra del nuevo Ejecutivo apoyado por grupos nacionalistas y por Occidente. Días después, la población pro rusa de Crimea, asiento de la flota rusa del Mar Negro, se rebeló y se anexionó a Rusia. Las expresiones separatistas, apoyadas por tropas rusas, afloraron entonces en las principales ciudades del este ucraniano y la situación se volvió cada vez más crítica ante la impotencia de Europa y Estados Unidos, que han impuesto sanciones económicas a Moscú, acusándola de atizar la rebelión separatista.

Los primeros combates de la jornada de ayer se produjeron en la localidad de Andréyevka, donde las tropas ucranianas recuperaron el control de la torre de televisión que brinda señal a Slaviansk y también a la vecina Kramatorsk. En esa última ciudad, unas 2.000 personas despidieron ayer los restos de Yulia Izótova, una joven de 21 años, que murió el sábado pasado alcanzada por un disparo de las tropas oficiales cuando llevaba comida a su novio, un miliciano pro ruso que montaba guardia en un puesto de control de carretera.

El jefe comandante de las fuerzas de las denominadas “autodefensa de la ciudad”, Igor Strelkov, confirmó las bajas en su bando y admitió que las milicias se encuentran en gran inferioridad numérica ante las fuerzas ucranianas, pero aseguró que, pese a todo, él y sus hombres no tenían intención de abandonar la ciudad.

“Resistiremos hasta el fin, pero si no recibimos ayuda, nos aniquilarán .

Si no logramos defender la ciudad, moriremos todos, eso está claro”, dijo a la agencia rusa RIA-Novosti casi como si realizara un pedido de socorro.

Por otro lado, la televisión rusa confirmó que las milicias pro rusas habían sufrido numerosas bajas en la localidad de Semiónovka, a las afueras de Slaviansk, a lo que se sumaría un número indeterminado de civiles muertos.

Los pro rusos decidieron reforzar el puesto de control en la vía al centro de la ciudad, el principal objetivo de la ofensiva ucraniana. Entretanto, ayer se multiplicaron las advertencias y las iniciativas diplomáticas para frenar la violencia en Donbass, corazón industrial y minero del país, con mayoría de habitantes rusoparlantes.

En un comunicado fechado en Moscú, el ministerio de Exteriores pidió a Kiev “poner fin al derramamiento de sangre, retirar las tropas y sentarse finalmente en la mesa de las tratativas para impulsar un diálogo normal sobre las vías para solucionar la crisis”. También esa Cancillería advirtió que “ madura una catástrofe humanitaria en las ciudades asediadas, donde se advierte falta de medicinas y comienzo la interrupción del aprovisionamiento alimentario”.