El gobierno de París declaró la “guerra al terrorismo” y anunció que impulsará medidas de seguridad “excepcionales” en respuesta al atentado islamista de la semana pasada contra Charlie Hebdo, que este miércoles sacará a la venta tres millones de ejemplares de un nuevo número que satiriza tanto a Mahoma como a la Iglesia Católica.

Antes del lanzamiento, parte del equipo de Charlie Hebdo explicó hoy en una conmovedora conferencia de prensa por qué eligieron ilustrar otra vez la tapa con el máximo profeta del islam, ahora con un cartel que dice “Soy Charlie” y bajo el título: “Todo está perdonado”.

“Dibujé a Mahoma, lo miré y estaba a punto de llorar”, explicó con los ojos nublados Renald Luzier, el caricaturista que, bajo el nombre de Luz, firmó la tapa del número que mañana inundará los kioscos de Francia, y que estará en venta durante dos semanas.

“Arriba escribí ‘todo está perdonado’ y lloré (…) No fue la tapa que el mundo quería que hiciéramos, pero fue nuestra tapa. Sólo hay un pequeño hombre que ante todo llora”, agregó.

Además de aumentar su tirada de unos 60.000 ejemplares a tres millones, el nuevo número tendrá versiones digitales en español, inglés y árabe, y será reproducido en papel por un medio italiano, Il Fatto Quotidiano, y otro turco, Cumhuriyet Gazetesi.

Después de la histórica marcha del domingo pasado, cuando más de 3,7 millones de personas salieron a las calles encabezadas por los familiares de las 17 víctimas de la ola de violencia de la semana pasada y por la clase política francesa y más de 50 dirigentes mundiales, Francia intentó retomar su ritmo habitual.

El presidente Francois Hollande comenzó la jornada participando en la Prefectura de París de un último homenaje a los tres policías asesinados la semana pasada.

Los agentes Franck Brinsolaro y Ahmed Merabet fueron asesinados el miércoles pasado por los hermanos Kouachi, los hombres sindicados por las autoridades franceses como los dos islamistas radicales que ese mismo día irrumpieron y masacraron a otras 10 personas en las oficinas de Charlie Hebdo, en París.

Un día después, Clarissa Jean-Philippe, una joven policía originaria de Martinica, una colonia francesa en el Caribe, fue acribillada por un hombre que había compartido tiempo en la cárcel con uno de los hermanos Kouachi.

Ese mismo atacante encabezó 24 horas después, el viernes pasado, una toma de rehenes en un supermercado en París, que terminó con él y cuatro franceses judíos muertos. Ese mismo día, la policía mató a los dos hermanos Kouachi, que se habían atrincherado en una imprenta al noreste de París.

“Nuestra gran y bella Francia nunca se romperá, nunca cederá, nunca se doblegará” ante las amenazas del islamismo radical que “aún está ahí, dentro y fuera del país”, aseguró el mandatario, rodeado por los familiares de las tres víctimas y por un grupo nutrido de policías, según informó el diario local Le Monde.

Más tarde, el primer ministro Manuel Valls aprovechó la primera sesión de la Cámara de Diputados desde el atentado contra el semanario para hacer una declaración de guerra.

“Francia está en guerra con el terrorismo, el yihadismo y el islamismo radical”, aseguró el premier ante una Asamblea Nacional que estalló en aplausos y entonó la Marsellesa, algo que, según medios franceses, se trató de un hecho insólito desde la instauración de la V República en 1958.

Otros medios franceses señalan, de acuerdo con fuentes parlamentarias, que la última vez que los diputados cantaron al unísono el himno nacional en la sede de la Asamblea fue hace casi un siglo, concretamente el 11 de noviembre de 1918, día en que se firmó el Armisticio de la Primera Guerra Mundial.

“Francia no está en guerra con una religión. Francia no está en guerra con el islam y con los musulmanes”, aclaró el dirigente, que en el pasado fue acusado por la izquierda y organismos de derechos humanos de impulsar políticas de mano dura contra los inmigrantes.

Ante una cámara inusualmente unida y complaciente, Valls explicó que el gobierno “debe responder a esta situación excepcional con medidas excepcionales” y destacó la necesidad de crear espacios separados para yihadistas en las cárceles, “un refuerzo regular” de los servicios de espionaje y un mayor control sobre internet.

La unidad de los aplausos se convirtió poco después en un consenso político casi unánime, cuando los diputados franceses aprobaron por 488 votos a 1 la prolongación de la campaña de bombardeos aéreos, junto a Estados Unidos y a otras potencias como el Reino Unido, contra las posiciones de la milicia extremista Estado Islámico (EI) en el norte y el oeste de Irak.

El diputado que votó en contra, el conservador Jean-Pierre Gorges, advirtió que más ataques contra el territorio iraquí podrían incitar a más violencia por parte de grupos extremistas, principalmente el EI.

Durante su discurso, Valls informó que unos 1.400 franceses viajaron a Medio Oriente o planean hacerlo para unirse a grupos yihadistas. Desde Londres, en tanto, Europol, la oficina europea de policía, alertó que entre 3.000 y 5.000 ciudadanos comunitarios ya viajaron a esa región para convertirse en combatientes.

El temor de París y del resto de los gobiernos europeos es que estos nuevos combatientes vuelvan a sus países de origen radicalizados y con la intención de cometer atentados.

España, Alemania y Reino Unido ya elevaron sus niveles de alerta y reforzaron su seguridad interna, mientras que el ministro de Defensa francés, Jean-Yves Le Drian, anunció ayer que el gobierno desplegará 10.000 soldados y 5.000 policías adicionales para proteger sitios sensibles dentro del país.

Mientras París responde al atentado contra Charlie Hebdo con palabras como guerra y un inédito “operativo militar” dentro del territorio, los trabajadores del semanario atacado celebraron poder haber sacado a la calle otro número.

“En la última semana, Charlie, un diario ateo, consiguió más milagros que todos los santos y profetas combinados. Del que estamos más orgullosos es que tengan en sus manos el diario que siempre hicimos”, sostiene el editorial del nuevo número que saldrá a la venta mañana.

Adentro, las primeras páginas recuerdan algunas viñetas ya publicadas, entre ellas de los caricaturistas asesinados. La selección tiene algo para cada una de las grandes religiones monoteístas, como por ejemplo una imagen que muestra a tres líderes -un musulmán, un cristiano y un judío- repartiéndose el mundo.

En otra página, el semanario dice que el domingo fue más gente a las marchas celebradas en Francia “que a misa”.

El nuevo número, que vuelve a tener una caricatura del profeta Mahoma en la tapa, ya provocó el repudio del gobierno de Marruecos y de la autoridad islámica paraestatal de Egipto, Dar al-Ifta, que la consideró como una afrenta contra los “1.500 millones de musulmanes” que viven en el mundo.

La respuesta de gobiernos e instituciones islámicas es apenas una evidencia más de las implicaciones globales que tuvo el atentado contra el semanario satírico francés.

El ataque contra Charlie Hebdo, por ejemplo, dio una renovada fuerza al movimiento xenófobo Pegida en Alemania y otros países europeos. Ayer la agrupación consiguió un récord al congregar a 25.000 personas sólo en la ciudad de Dresde, su cuna y principal bastión.

Mientras ayer decenas de personas marcharon en distintas ciudades de Alemania contra la islamofobia, una manifestación convocada en Berlín por el Consejo Central de los Musulmanes de Alemania y encabezada por la canciller Angela Merkel apenas reunió hoy a 10.000 personas.

En tanto, en Jerusalén, miles de personas se acercaron al cementerio Har Menuhot para participar del funeral de los cuatro judíos franceses que fallecieron en la toma de rehenes en el supermercado de París el viernes pasado.

La ceremonia fue encabezada por el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, quien tras participar de la multitudinaria marcha del domingo pasado en París, aseguró que los líderes mundiales “están empezando a entender” la dimensión de la amenaza islamista.