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El retraso en el inicio del partido se debió a que no había servicio médico disponible en el estadio para auxiliar cualquier eventualidad. Por esa grave falta el partido comenzó con más de media hora de retraso. Parecía otra señal de que la tarde terminaría mal. Muy mal.

Y estalló la violencia nomás. Luego de un fallo arbitral que decidió la expulsión del puntano, Walter Quevedo los hinchas de Victoria rompieron el alambrado e ingresaron intentando agredir al árbitro.

Esto paralizó el partido que a esta altura ya no era un espectáculo familiar, sino un tumulto violento como el que vemos en las canchas en Buenos Aires.

Cuando el resultado parecía ponerle punto final a las expectativas del cuadro puntano, los hinchas de Victoria empezaron a arrojar bombas de estruendo adentro de la cancha y fue todo un pandemónium.

Bombas de estruendo, botellas, piedras, y por si fuera poco, se metieron al campo para agredir a los jugadores de Peñarol que corrían intentando salvar sus vidas, con una dificultad mayor: la propia Policía les cerró un portón con lo que quedaron acorralados contra los violentos.

Su escape estaba a varios metros de altura, así que tuvieron que trepar los alambrados para ponerse a salvo.

Lo sintetizó el DT de Peñarol de San Juan: “Nos pegaron en todo el partido. Cuando se suspendió quisimos salir de la cancha pero nos cerraron el portón y se armó una batalla campal. Los jugadores de ellos empezaron todo. Después se sumaron los hinchas. Queríamos ir al vestuario pero un policía nos cerró el portón y nos empezaron a pegar, no había cómo salir”, le dijo a los medios.

Los dirigentes locales argumentan que el presidente de AFA, Chiqui Tapia es el responsable de esta situación porque entienden que el árbitro perjudicó al equipo puntano para lograr el ascenso del cuadro sanjuanino. Otra vergüenza más.

Fuente: Cadena de Noticias