Advierten que la iniciativa no está regulada y que eso les impide hacer inspecciones.

La “heladera social” surgió con un espíritu impulsado por la solidaridad. El Concejo Deliberante de San Luis se hizo eco de la iniciativa y aprobó un proyecto de declaración que invita a imitar la propuesta, en la que bares y restaurantes donan a las personas necesitadas la comida que no usaron durante el día y que tampoco manipularon sus clientes. Sin embargo, el director de Bromatología, Horacio Elverdín, advirtió que  la  actividad  no está regulada y que por esta razón la Municipalidad no tiene injerencia para controlar que las propiedades de los alimentos sean las adecuadas para el consumo humano.

“No existe una regulación sobre este tema y el Municipio se encuentra fuera de control en este tipo de iniciativas. Lo máximo que podemos hacer desde acá es realizar sugerencias sobre las condiciones de higiene y el estado de conservación de los productos. Las ordenanzas municipales están regidas por el Código Alimentario de Argentina”, explicó el funcionario municipal.

Elverdín reconoció que este tema es muy reciente y que implica un buen gesto, pero consideró que  también pueden haber riesgos a la salud. “Aplicarlo es una decisión propia de cada comerciante y su ejecución es su responsabilidad”, alertó. Señaló que si esos alimentos se pusieran en venta, la Municipalidad sí  podría ejercer su facultad como ente controlador.

“Como director de Bromatología tengo que controlar el producto que está a la venta, pero al ser una donación se trata de una cuestión privada. Esto debería contar con una norma regulatoria; pero así y todo sería difícil poder registrarlo”, reconoció.

La ciudad por ahora tiene un solo comercio que  se sumó a la propuesta de la “heladera social”. Es una escuela de cocina, ubicada en el centro de la ciudad, que adoptó el sistema a mediados de abril. Todos los días los alumnos cocinan quince porciones de más en diferentes horarios y la escuela las pone a disposición  de los necesitados a la entrada del establecimiento.

En el país la idea comenzó cuando un comerciante de Tucumán, dueño de un restaurante, ofreció los platos del día que no vendía a las personas que no tenían posibilidad de comprarlos. La noticia  tuvo gran trascendencia en los medios nacionales.

Un pedido de ayuda

La idea de difundir la “heladera social” en la ciudad de San Luis es de la representante de Compromiso Federal, Sandra Barroso. La edil señaló que “cuando inicié el proyecto de declaración lo hice porque no tenía razón de ser una ordenanza para que se regule la solidaridad. Lo que sí entendí y por eso lo pusimos en el proyecto, es que sería bueno que la Municipalidad, solidariamente, acompañe a todas aquellos comercios en su rol de control. Es decir, ayudarlos a que tengan en condiciones óptimas las heladeras y los asesoren en cómo tienen que hacer el envasado, además de ponerles fecha de vencimiento y elaboración”.

Si bien admitió que “la argumentación de Bromatología es válida, porque es cierto que no tiene injerencia, me parece que desde el Ejecutivo municipal deberían madurar el concepto solidario de acompañar estas buenas acciones y acercarles esta forma de asesoramiento. Porque en esa dependencia tienen mucho personal abocado a estas tareas. Creo que los inspectores podrían acercarse a los locales y prestarles un servicio solidario”.

Barroso contó que el día que se aprobó el proyecto de declaración en el recinto “denuncié un problema que se les presentaba es que alguna gente que no necesita de esos alimentos, igual los retiraba”. La concejal pidió que “la sociedad debe controlar esto con el boca a boca porque es cierto que es difícil lograr un mecanismo de estricto control”.

La iniciativa fue aprobada por unanimidad por todo el cuerpo legislativo municipal y fue puesta a consideración por dos comisiones: Seguridad e Higiene y Educación y Cultura.