PANORAMA EMPRESARIAL. MIENTRAS SE AGRAVAN LOS PROBLEMAS EN LOS SECTORES PRODUCTIVOS Y EL EMPLEO, EL MINISTRO DE ECONOMÍA Y EL TITULAR DEL BANCO CENTRAL SE ACUSAN MUTUAMENTE DE LOS FRACASOS Y OBSTÁCULOS.

Axel Kicillof se encontró acorralado frente a los duros reproches del círculo íntimo de la Presidenta, que lo interrogaron por la marcada desaceleración económica.

La mesa chica –Carlos Zannini, Máximo Kirchner y Wado de Pedro– le trasmitió la preocupación de Cristina Kirchner por el deterioro productivo. El ministro balbuceó algunos argumentos y para zafar decidió jugar fuerte: acusó a Juan Fábrega de ser el responsable del parate productivo que genera caída del empleo. Kicillof aprovechó la situación y se vengó de las humillaciones que padeció después de que Cristina avalara la receta del titular del Banco Central para frenar la corrida del dólar.

El ministro afirmó: “Fábrega no quiere bajar la tasa de interés”. Y le puso el rótulo de pensar sólo en el dólar y de defender a los banqueros.

El contragolpe de Kicillof volvió a abrir grietas en el Gobierno y motivó otra furiosa pelea entre el ministro y Juan Fábrega.

La disputa también reavivó una discusión interna de estrategia: en el Gobierno no saben qué lineamientos económicos seguir.

Por eso estos días el titular del Banco Central comenzó a recibir fuego cruzado.

La Presidenta, molesta por el deterioro social, utilizó argumentos de Kicillof para confrontar con Fábrega.

El ministro lleva teorías conspirativas a Olivos y las adorna con clases de historia. Eso le gusta a la Presidenta.

Pero el jefe del BCRA contragolpeó y le hizo saber a Cristina de un conjunto de impericias que cometió el ministro y que impide aflojar la política monetaria. Fábrega cuestiona a Kicillof y sostiene que desde que asumió como ministro “habla mucho, pero no ha hecho nada serio.” El mayor cuestionamiento se focaliza en la nula tarea de Kicillof para tratar de poner en “caja” el creciente desequilibrio fiscal. Para el Central, no es posible aflojar la política monetaria con el actual déficit, porque pueden volver a explotar el dólar y los precios. Lo afirmó frente a Cristina y lo trasmitió en la intimidad a banqueros como Jorge Brito y Enrique Cristofani: “En Economía no hacen nada para emprolijar las cuentas.” Fábrega también habló en el Gobierno sobre la pobre estrategia de los “precios cuidados” para contener la inflación y arremetió con el fracaso de Kicillof en Brasil para cerrar un acuerdo y frenar la caída automotriz.

En su pelea, Fábrega tuvo apoyos entre banqueros y empresarios. Ya Jorge Brito salió dos veces –en pocos días– a defender las tesis que sostiene Fábrega en el interior del Gobierno.

Eduardo Eurnekián le ofreció la tribuna del Cyccip. Fábrega aceptó hablar a fines de mayo.

Kicillof intentó buscar apoyo entre los industriales afectados por el deterioro productivo. Pero le salió el tiro por la culata.

La Unión Industrial Argentina le entregó –como adelantó Clarín – un durísimo documento económico y político: los industriales dicen que el deterioro comenzó con el segundo mandato de la Presidenta, en el 2011.

Kicillof se sintió traicionado y a los gritos le transmitió su enojo a José Urtubey. Fue después del almuerzo conjunto y cuando trascendió el duro contenido del encuentro.

“Que la UIA salga a desmentir”, gritaba el ministro.

El vice fabril prometió hacer algo, pero la respuesta de la UIA fue un sonoro silencio. Así, ratificó el contenido del documento y las críticas por la inflación.

Las estrategias no le funcionan a Kicillof. Desde que asumió como ministro dos ejes se adueñaron del debate económico: la inflación y la caída productiva. Eso le generó reproches de Cristina y lo obligaron a rearmar la pelea con Fábrega. También refleja su malhumor y nerviosismo la sobrerreacción frente a los periodistas, en especial si son mujeres, dando muestra de una grave inclinación misógina.

Sin embargo, la falta de resultados no es un patrimonio del ministro. La impericia tiene a maltraer a Mariano Recalde. Como lo anticipó Clarín, y confirmó esta semana la Auditoría General de la Nación, el titular de Aerolíneas Argentinas lleva adelante una paupérrima gestión en la compañía de bandera. Para cubrir su deficiente tarea, Cristina tuvo que girarle al dirigente de La Cámpora la friolera de 17.070,4 millones de pesos hasta fines del 2013. Se proyecta para este año otros 2.800 adicionales, para totalizar 20.000 millones de pesos.

Los graves desajustes constan en varios informes publicados en la Web de la Auditoría. Primero, en las versiones taquigráficas de los encuentros de auditores, luego en los comunicados de prensa y, ahora, en el documento aprobado el miércoles sobre el control interno de los estados contables.

Recalde intentó frenar sin éxito la difusión de esos trabajos de la AGN.

Al titular de Aerolíneas no le importa el desastre de sus números, sino que no se conozcan para mantener su falso relato. El funcionario realizó semejante esfuerzo en vano para evitar que esos informes dejen al descubierto la incapacidad para administrar la compañía estatizada.

Leandro Despouy encabezó una reunión el miércoles, en la que, con el inusual apoyo de los delegados peronistas, se decidió rechazar el pedido de Recalde. Además, la Auditoría determinó avanzar en el cierre de un nuevo informe de gestión, que también complicaría al funcionario. Sería tratado a comienzos de junio y aborda temas delicados: las dudas sobre la transparencia en la compra de aviones y la ausencia de controles mínimos en los millonarios gastos.

Estos temas tienen un alto voltaje político. Y por eso hubo un acuerdo clave: se decidió que sea el propio titular de la Auditoria General, Leandro Despouy, quien lidere la tan inquietante investigación.