Integrantes de la Universidad de La Punta, a través del Programa Robótica, visitaron a los chicos que dan sus primeros pasos en programación en el Centro Cultural de la “ciudad verde”. Durante dos horas se demostró cómo por medio del código fuente pueden dar vida a los robots. 

Al grito de “Wall-E” y “Destructor”, difónicos y con un entusiasmo desbordante. Así fue cómo terminaron la mañana del sábado los más de 30 chicos de entre 4 y 13 años, que asisten semanalmente a la Escuela de Programación y Juegos de Juana Koslay. Y es que gracias a los robots de la Universidad de La Punta (ULP) pudieron ver un ejemplo concreto de cómo el código fuente, aquello en lo que están dando sus primeros pasos, mueve al mundo.

“La idea era que vieran que esa interfaz que ellos programan todos los días como un juego también se puede traducir en un robot”, explicó el jefe del Programa Robótica de la casa de estudios provincial, Pablo Miranda, quien participó junto a su equipo de esta especial y apasionante jornada.

De 10:00 a 12:00, los chicos pudieron interactuar con siete robots de la ULP pre-programados (cuatro de ellos se utilizan habitualmente en el “sumo de robots”) y configurar sus partes externas para completar sus movimientos. Luego de ponerles nombre comenzaron los rounds sobre el tatami y con ellos, los gritos desaforados de cada hinchada.

“Que los chicos se acerquen a estas disciplinas a temprana edad es muy beneficioso. Por un lado, incentiva su creatividad y, por el otro, los acerca a las ciencias duras a través del juego. Que aprendan jugando, ese es el objetivo principal de la ULP”, manifestó Miranda, al tiempo que adelantó que la actividad tendrá continuidad para que los chicos aprendan a programar robots una vez que hayan avanzado en las distintas etapas de la programación.

Franco Milán y Felipe Ledesma son dos de los alumnos que participaron de la propuesta. “Lo que más me gusta de programar es que puedo armar un mundo de posibilidades infinitas. Lo mismo pasa con los robots: uno puede armarlos o programarlos. Yo prefiero programarlos”, comentó Franco. Y justificó orgulloso: “Con la programación puedo hacer que un robot gigante se mueva. Eso es lo más divertido de la robótica”. Felipe, en tanto, sueña en voz alta: “Estuvo re bueno jugar con los robots de la ULP. Ojalá podamos seguir aprendiendo para programarlos más adelante”.

“Aprender a programar es aprender a pensar”

La Escuela de Programación y Juegos inició su actividad a principios de marzo, en el Centro Cultural de Juana Koslay. Este espacio abierto a todos los chicos de la “ciudad verde” surgió a partir de una ordenanza municipal y hoy se lleva adelante con la colaboración de la ULP y el Ministerio de Ciencia y Tecnología.

“Es el primero de estas características en la provincia”, aseguró el ex concejal y autor del proyecto Daniel Poder, quien está a cargo del taller. Cada sábado de 10:00 a 12:00, con la guía de los profesores de la ULP, los chicos kosleños aprenden a escribir códigos de programación por medio de plataformas gratuitas.

“Lo que nos interesa de este taller es que todos participen porque aprender a programar es aprender a pensar con sentido estratégico, es desarrollar la creatividad”, comentó Poder. Y añadió: “A partir del status que ellos tienen de nativos digitales, soñamos en que se conviertan en creativos digitales. Además, se genera entre ellos una empatía única; comparten el problema y la solución, y nos encanta que eso pase”.