Fue como réplica a ataques armados de narcos contra cuarteles policiales internos.

 

Cientos de efectivos de la policía carioca, apoyados por helicópteros, ingresaron ayer a la mayor favela de la ciudad de Río de Janeiro luego de los intensos enfrentamientos ocurridos el fin de semana con narcotraficantes, que dejaron un delincuente muerto y un agente herido.

La ofensiva de la Policía Militarizada, que contó con carros blindados, se inició ayer a la madrugada en el Complexo de Alemao, un conjunto de comunidades humildes con más de 100 mil habitantes en la zona norte de la ciudad.

El operativo fue ordenado por la Secretaría de Seguridad de la Gobernación de Río luego de una serie de ataques armados contra la base de la Unidad de la Policía Pacificadora en represalia por la muerte registrada ayer de un narcotraficante apodado Bebezao, de 28 años.

Según el testimonio de algunos vecinos del Complexo do Alemao,anoche imperaba un virtual “toque de queda”, luego de que por la tarde las escuelas públicas permanecieran cerradas, lo que afectó a unos 7.000 alumnos. Por otra parte, varios comercios no abrieron sus puertas ante el riesgo de nuevos enfrentamientos, mientras continuaba fuera de servicio el teleférico, que transporta unos 12.000 pasajeros por día hasta lo alto del cerro donde se encuentra el barrio. En los incidentes del fin de semana, un joven murió, un policía resultó herido, dos vehículos fueron incendiados y una comisaría atacada por miembros de una banda de tráfico de drogas que actuaron en represalia del deceso de Bebezao.

La banda arremetió contra una Unidad de la Policía Pacificadora (UPP), instalada en esas favelas de la zona norte de Río de Janeiro en 2010, cuando las barriadas fueron ocupadas por autoridades en una operación apoyada por el Ejército y destinada a expulsar a los narcotraficantes que las controlaban.

El agente de la Policía Militarizada Anderson Araujo de Souza fue trasladado a un hospital, donde se encuentra estable.

El Complexo do Alemao ya había recibido refuerzos policiales este año dentro de la operación para garantizar la seguridad durante el Mundial de fútbol Brasil 2014.

Esos operativos siguieron a las masivas protestas populares que estallaron en las principales ciudades en demanda de mejores transportes y mejoras en la provisión de salud y educación. La crítica común fue el enorme costo económico que demandaba el Mundial.

Desde la instalación de las unidades de policía pacificadora en diferentes favelas, los índices de criminalidad cayeron significativamente, pero los cuarteles policiales se han convertido en blanco de ataques narcos que, en opinión de las autoridades, intentan recuperar el terreno perdido.