Es un empresario de 59 años. Los asaltantes se hicieron pasar por operarios telefónicos para que los dejaran pasar. Golpearon a su esposa y a sus dos hijos, hasta que él logró sacar un arma y dispararles.

Hacía 15 días que el teléfono no les funcionaba y por eso ayer, cuando aparecieron en la puerta dos hombres vestidos como empleados de una empresa telefónica, pensaron que les iban a solucionar el problema. Pero los supuestos técnicos eran ladrones disfrazados, que apenas entraron a la casa sacaron armas y amenazaron a la familia.

Lo que sucedió adentro de la propiedad fue una pesadilla. Los ladrones eran muy violentos y amenazaban a los hijos del matrimonio. Hasta que el dueño de casa logró agarrar su arma y mató a los dos asaltantes. Un tercer delincuente que estaba de campana en la calle logró escapar.

El episodio ocurrió en Lanús, un partido que en los últimos meses fue muy castigado por la inseguridad. Fue a sólo 8 cuadras del lugar donde el 12 de marzo fue asesinado un kinesiólogo en un intento de robo, un caso que provocó una de las muchas marchas de vecinos que hubo este año: en lo que va de 2014 ya son siete las personas que fueron asesinada s en asaltos en este partido (ver Un partido…).

Fuentes policiales contaron que el nuevo caso de inseguridad ocurrió ayer a la mañana en una casa ubicada en un primer piso de la calle Maza al 2900, casi esquina Balbín, en la localidad de Villa Diamante. Allí viven un empresario de 59 años, su esposa, su hija de 23 y su hijo de 30. El hombre tiene una empresa de armado de cajas acústicas que antes funcionaba en la planta baja de su casa y que hace un tiempo mudó a un galpón que está a unas cuadras.

“En el último año los robaron al menos cuatro veces. En uno de los episodios al hombre le dispararon un tiro que le rozó la cabeza. Estaba tan cansado de la inseguridad que tenía un arma y reaccionó”, explicó a Clarín una vecina de la misma cuadra.

El golpe empezó minutos después de las diez de la mañana, cuando tocaron el timbre de la casa de la familia. Atendió la dueña. “La mujer preguntó quién era y le respondieron por el portero eléctrico que eran los técnicos de la compañía telefónica. Como en la casa no funcionaba la línea hacía un tiempo, ella abrió la puerta sin dudar ”, relató otro vecino.

Los dos falsos operarios entraron a la casa. Subieron las escaleras y, una vez arriba, en el patio amenazaron a los hijos del matrimonio para que les entregaran dinero. Los golpearon y también le pegaron a su madre.

“Al parecer, el empresario estaba en una habitación. Escuchó a los ladrones y fue a buscar su arma, una pistola calibre 9 milímetros. Luego volvió y enfrentó a los delincuentes. Como vio que estaba su familia en peligro, disparó”, explicó un vocero del caso.

Fuentes policiales informaron que uno de los ladrones recibió un balazo en el pecho y murió en el acto. El otro fue herido de un tiro en el estómago. Más tarde una ambulancia lo trasladó al hospital de Lanús, pero llegó muerto.

Un rato después, cuando el lugar ya estaba lleno de patrulleros, salieron a la calle los dos hijos del matrimonio. La joven tenía la cara y la ropa ensangrentada. Los ladrones le habían dado un culatazo en la cabeza que le provocó un profundo corte.

La Policía informó que en el patio de la casa asaltada secuestraron un arma de fuego calibre 22, que era de los ladrones. También incautaron la pistola del dueño de la propiedad, que está registrada legalmente.

El empresario quedó demorado unas horas y luego fue liberado. Para los investigadores actuó “en defensa propia y en resguardo de su familia”.

Los vecinos contaron que la zona es muy insegura y que todos los días asaltan a alguien de la cuadra. “En dos manzanas en los últimos 10 días robaron cinco autos. En octubre colocaron cámaras en varias esquinas de la zona pero ninguna funciona, porque no las conectaron ”, resaltó a Clarín un vecino.

Ayer al mediodía, fueron los propios vecinos los que llamaron a los medios de comunicación para dar a conocer la noticia. Pero por la tarde, mientras un grupo hablaba con los periodistas, otros se pusieron muy violentos y empezaron a exigir que se retiraran y que no tomaran imágenes de la casa asaltada. A la fotógrafa de Clarín intentaron sacarle la cámara y le tiraron del pelo. Hubo empujones, insultos y amenazas, también dirigidos al cronista de este diario. Finalmente dos policías tranquilizaron la situación.