El hecho se produjo cerca de las 18.30 y fue descubierto por un vecino. Un testigo bajaba del tren que acababa de llegar a la estación procedente de San Miguel cuando algo captó su atención: muy cerca de ahí, un hombre arrojaba una bolsa de residuos negra de consorcio a un descampado. El peso del paquete y el evidente nerviosismo de quien intentaba desecharlo hicieron sospechar al vecino, que se acercó al lugar.

Lo que vio fue de terror. La bolsa se había enganchado del alambre tejido, abriéndose por completo y dejando al descubierto parte de su contenido: una pierna humana, seccionada limpiamente a la altura de la ingle.

Apenas repuesto de la sorpresa, el vecino -cuya identidad no fue dada a conocer- vio que quien había arrojado la bolsa estaba muy cerca, tratando de alejarse del lugar, por lo que comenzó a perseguirlo mientras alertaba a los gritos a otros transeúntes para que llamasen a la policía. En minutos, el lugar se convirtió en un remolino de gente.

El presunto homicida intentaba escapar corriendo al costado de las vías del tren, con dirección a Presidente Derqui. Llevaba en su espalda una mochila pesada, que hacía lenta su carrera, por lo que en un momento la tiró. Luego, la policía pudo corroborar que en su interior había más restos humanos.

Pronto, un móvil del Comando de Patrullas se sumó a la persecución junto a otros efectivos de a pie. El prófugo ya no tenía chances de escapar, estaba completamente rodeado.

Cuando se vio en esa situación, tomó un cuchillo que llevaba encima y se lo clavó en el pecho de un golpe certero, cayendo pesadamente al suelo. Cuando la policía llegó a su lado, ya estaba muerto.

Los investigadores continuaban trabajando en el lugar del hecho, tratando de establecer la identidad de la víctima y del suicida.

Según las fuentes del caso a las que accedió El Diario, el