Este sistema de gobierno sería establecido en las regiones conquistadas y bajo la ley islámica.

Los yihadistas que desde comienzos de este mes llevan adelante una feroz ofensiva en Irak y combaten en Siria, anunciaron el establecimiento de un “califato islámico” en las regiones conquistadas en esos dos países, sin tener en cuenta las fronteras. Su líder, Abu Bakr al Bagdadi, es encumbrado por sus seguidores como el “califa de todos los musulmanes”.

Los insurgentes sunitas, encabezados por el Estado Islámico de Irak y Levante (EIIL) controlan ahora buena parte del norte y del oeste de Irak, que además consiguieron enlazar con el territorio que los yihadistas dominan en el este y el norte de Siria.

La aspiración de este sistema político, extinguido desde comienzos del siglo XX con la desaparición del califato otomano en Turquía, es vertebrar a toda la comunidad de creyentes musulmanes bajo el gobierno de un único califa, máxima autoridad política y religiosa.

El califato no entiende de fronteras políticas ni divisiones administrativas que no sean las recogidas por la “sharía” (ley islámica), por lo que la declaración anula la legalidad de todos los emiratos, grupos, estados y organizaciones por la expansión de la autoridad del califa y la llegada de las tropas a sus áreas.

Por esa razón, el Estado Islámico proclama en sus principios a su líder como “imán y califa para los musulmanes de todo el mundo”. “Aclaramos que, con esta declaración de califato, es imperativo para todos los musulmanes jurar lealtad al califa Ibrahim y apoyarle”, según dice la organización yihadista.

Esta proclamación coincidió con la llegada a Irak de una muy necesitada ayuda militar para las fuerzas gubernamentales, que recibió ayer cinco cazabombarderos modelo Sukhoi 25, procedentes de Rusia (aliado de Irán y Siria), para tratar de recuperar parte del terreno perdido con los insurgentes, que a su paso ejecutan opositores en plazas públicas y provocan el miedo en las tropas oficiales, que sufren abandonos a diario.

Los aviones rusos estarán disponibles dentro de cuatro días, después de que Estados Unidos rechazase enviar al Gobierno iraquí cazas similares que había pedido. Se prevé que los cazas ofrezcan cobertura aérea a la campaña que las Fuerzas Armadas lanzaron por tierra para retomar algunas de las zonas clave que perdieron desde el 10 de junio, cuando precisamente una súbita desbandada militar permitió a los rebeldes controlar Mosul, la segunda ciudad del país, y Tikrit, al norte de Bagdad.

El premier iraquí, el shiíta Nuri al Maliki, parece haber aceptado finalmente los reiterados llamamientos a la formación de un gobierno de unidad con todas las fuerzas políticas y religiosas de este país, donde la ofensiva de los insurgentes dejó más de mil muertos y cientos de miles de desplazados. Aunque la alianza laica Coalición Nacional, decidió ayer boicotear la primera sesión del nuevo Congreso, que debe reunirse para comenzar a elegir un nuevo Ejecutivo.

Miles de soldados, apoyados por tanques y por la aviación, avanzaban ayer en dirección de Tikrit, al norte de Bagdad, en la mayor ofensiva lanzada por las fuerzas iraquíes contra los insurgentes yihadistas sunitas, cuya progresión sumió a Irak en el caos. Las autoridades iraquíes gozan además del apoyo ruso de consejeros militares estadounidenses, mientras que drones sobrevolaban Bagdad.

Lo curioso es que frente a la mirada de Estados Unidos participa de la defensa de Bagdad, la fuerza aérea de la dictadura siria de Bashar al Assad, que combate en Irak con la asistencia de Irán que también comprometió tropas y una flota de drones.