“Me gustaría darles la mano a todos y cada uno de ustedes. La vida me dio cartas asombrosas. Sólo tuve que jugarlas bien. Quiero ser agradecido”, arranca, admitiendo la emoción.

“Qué lindo fue jugar con ustedes. Saber que a cada cancha que íbamos éramos un grupo así”, dice cerrando el puño bien fuerte. “Si perdíamos la íbamos a pasar mejor porque nos diríamos cosas invaluables. Por todo eso, muchas gracias, a Fabri, a los que están arriba y a los que están en casa “, le dice a la Generación Dorada.

Gregg Popovich dijo tanto de él… ¿Podría decir algo más? Claro que sí: “Los jugadores que ganaron el oro olímpico con Argentina deberían ser reconocidos porque son uno de los mejores equipos de básquet que vi en mi vida”. Lo firma quien para muchos es el mejor coach en la historia de la NBA: “Sin él, no habría trofeos “.

“Papá y mamá…”. Ahí tiene que tirar el freno de mano. Pero sigue. “Mamá, querías un hijo doctor o abogado, pero me diste la libertad de elegir. Papá, jamás interferiste, pero siempre te sentí al lado apoyándome. Eso fue más que cualquier consejo. ¡Ustedes tres! No sé si entienden algo. Pero sepan que no estoy triste, estoy muy contento. Si por momentos lloro un poquito es de felicidad. Los quiero más que a nada en el mundo. Y a vos… Gracias por aguantar mis obsesiones durante 20 años y ayudarme a que todo esto sea más fácil. Calculo que tengo 40 o 50 años para retribuirte”, les dice a sus hijos y a su mujer.