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Estarán en período de adaptación hasta el 15 de abril en busca de convertirse en cadetes de primer año. La institución forma personal policial y penitenciario.

Con vocación de servicio y grandes expectativas de convertirse en profesionales de la seguridad, 213 jóvenes comenzaron este lunes el período de adaptación en el Instituto Superior de Seguridad Pública “Coronel Juan Pascual Pringles”.

Para darles la bienvenida, las autoridades de la institución organizaron una ceremonia en la Plaza de Armas “Héroes Puntanos”. El rector de la casa de estudios, Oscar Magni Oga, encabezó la actividad junto a la vicerrectora del Instituto, Ana María Abrahím; directores, docentes, oficiales y cadetes que cursan ya el segundo y tercer año de la Tecnicatura Superior en Seguridad Pública.

El acto estuvo cargado de emotividad por la presencia de familiares de los aspirantes, quienes acompañaban a sus hijos en esta nueva etapa de sus vidas. Luego de la presentación de los efectivos, formados frente al rector del Instituto, –tarea conducida por la jefa del cuerpo de cadetes, subcomisario Carina del Valle Garro– se entonaron las estrofas del Himno Nacional Argentino. Después se ofreció la invocación religiosa que pronunció el capellán policial.

“Hay dos excesos en la educación de la juventud que deben evitarse: demasiada severidad y demasiada dulzura. Esta será la premisa fundamental para transitar el período de adaptación”, manifestó Magni Oga.

En otro párrafo del discurso, el rector se refirió al sacrificio que representará para los aspirantes mantenerse totalmente alejados de los familiares durante los 21 días que dura el régimen de internado.

“En esta etapa deberán cumplir con las actividades que los formará intelectual y físicamente y en la que debe primar el respeto, la subordinación y el valor para superar situaciones límite a las que serán expuestos, y que se relacionan a la formación policial”, explicó el funcionario.

También señaló que será necesario, por parte de los oficiales y cadetes ya incorporados, el máximo respeto y tolerancia con los ingresantes, a punto tal de convertirse en verdaderos guías y consejeros de los jóvenes aspirantes, que deberán superar esta instancia para ser cadetes de primer año.