«No somos agitadores, esto es una tiranía», gritaban los manifestantes, algunos de ellos equipados con sus ya emblemáticas máscaras y cascos de obra, durante una acción que debería repetirse este sábado y el domingo.

En su mayoría vestidos de negro, el color de este movimiento surgido el 9 de junio a raíz de una gran protesta contra un proyecto de ley de extradiciones, los manifestantes se sentaron en el suelo en la zona de llegadas con pancartas en chino y en inglés en las que condenaban la violencia policial.

Este viernes se cumplen dos meses del inicio de las movilizaciones surgidas en oposición al proyecto de ley de autorizar las extradiciones a China, pero cuyas reivindicaciones se ampliaron hacia una mayor democracia y justicia.

La megalópolis del sur de China vive su mayor crisis política desde que fue transferida su soberanía del Reino Unido a China en 1997. Las manifestaciones casi diarias degeneran cada vez más en enfrentamientos entre grupos radicales y la policía.

El controvertido proyecto de ley fue suspendido pero los manifestantes continúan reclamando su retirada definitiva así como la dimisión de la dirigente del ejecutivo local, Carrie Lam y la designación de un sucesor a través de una votación con sufragio universal en lugar de su designación por Pekín, como sucede actualmente.

También exigen una investigación sobre la violencia policial, después de que se produjeran confrontaciones violentas en las manifestaciones y centenares de personas fueran detenidas.

Este viernes en el aeropuerto de Hong Kong varios manifestantes llevaban carteles en los que sugerían en diferentes idiomas: «¡Háganme preguntas sobre Hong Kong!».

Uno de sus objetivos es dar a conocer sus reivindicaciones más allá de Hong Kong, explicó uno de los concentrados, que se hace llamar «Choi» y que como muchos de sus compañeros se opuso a dar su verdadero nombre, ante el temor de ser perseguido por la justicia.

«Queremos que el gobierno retire el proyecto de ley y establezca una comisión de investigación independiente», aseguró, quien añadió que está «aquí para apoyar a las personas que fueron detenidas, nuestros objetivos son los mismos».

«Destino a la libertad»

En las redes sociales, la acción en el aeropuerto era anunciada a través de falsas tarjetas de embarque en las que se podía leer: «Hong Kong, destino a la libertad» o «una calurosa acogida a los visitantes de Hong Kong».

Los pasajeros se mostraron sorprendidos al ver a los manifestantes en la zona de llegadas del aeropuerto y algunos de ellos hicieron fotografías de esta inhabitual «marea negra».

Clara Boudehen, una visitante francesa, afirmó estar «muy impresionada» por la sentada. «Es muy importante ver a la población luchar por la democracia», aseguró a la AFP.

Esta concentración no había sido autorizada, pero otra manifestación tuvo lugar sin incidentes hace dos semanas en este mismo aeropuerto, uno de los más transitados del mundo.

A diferencia del «Movimiento de los Paraguas», una amplia movilización a favor de reformas democráticas que en 2014 paralizó el centro de Hong Kong durante 79 días, el actual movimiento es mucho más diverso en sus acciones y ha organizado bloqueos en el metro, huelgas generales, e incluso un «espectáculo láser» el pasado miércoles por la noche…

Carrie Lam acusó el lunes a los manifestantes de promover «una situación muy peligrosa», el mismo día en que organizaron una importante huelga.

Pekín reafirmó esta semana el apoyo a los dirigentes hongkoneses y acentuó sus amenazas a los manifestantes. (AFP)