El embajador de República Checa en Francia, Petr Drulak, informó a través de la radio pública checa que entregó a Kundera el certificado que le acredita como ciudadano el pasado 28 de noviembre en su piso de París.

El escritor, que tiene 90 años, se exilió en 1975 en Francia, país del que obtuvo la nacionalidad en 1981 y cuya lengua adoptó desde 1994 para escribir.

El diplomático aseguró que se trató de «un gesto simbólico muy importante» para reparar la injusticia que el anterior régimen comunista cometió con «el mejor escritor checo», consignó la agencia de noticias EFE.

Drulak hizo entrega del documento en una ceremonia civil, sin banderas ni himnos, el pasado jueves en el apartamento del escritor, y le presentó las disculpas en nombre de la República Checa por «los ataques que sufrió durante años».

Según el diplomático, además de ellos, a la ceremonia solo asistió Vera, la mujer del novelista, y fue un acto sencillo y cordial.

Pese a ser el novelista checo más popular desde Franz Kafka, Kundera mantuvo una difícil relación con su país, incluso después de la caída del régimen comunista y la llegada de la democracia, hasta el punto de adoptar el francés como lengua literaria y negarse a revisar las traducciones al checo de sus obras.

Kundera se convirtió en los pasados 30 años en un autor casi invisible, nunca concede entrevistas y apenas se deja ver en público.

Durante el proceso aperturista de la «Primavera de Praga» fue uno de los representantes de la oposición al régimen prosoviético checoslovaco, lo que pagó más tarde con su expulsión del Partido Comunista y la prohibición de publicar.

Kundera se exilió en Francia en 1975 y publicó en checo -en una editorial de Toronto- sus obras más conocidas como «El libro de la risa y el olvido», «La insoportable levedad del ser» y «La inmortalidad».

«La insoportable levedad del ser», una novela sobre un triángulo amoroso que marcó a varias generaciones con sus reflexiones sobre el eterno retorno y el sentido de la vida, ha sido su mayor éxito comercial, pero solo se publicó en 2006 en República Checa.

Kundera declinó varias veces la invitación para viajar a la República Checa, país que no visita desde hace unos 25 años, y tampoco asistió a la entrega del Premio Nacional de Literatura en 2007, lo que algunos consideraron un desplante.

En 2008, el Instituto checo para el Estudio de los Regímenes Totalitarios (USTRCR) le acusó de delatar en 1950, cuando tenía poco más de 20 años, a un espía que acabó 14 años en prisión.

El escritor rompió entonces su habitual silencio para calificar esas acusaciones de «puras mentiras». El acta que probaría su trabajo como delator no contaba con su firma. (Télam)