Son dos hermanos que, en connivencia con la Aduana de Ricardo Echegaray, administraban el ingreso al país de cientos de contenedores con mercadería prohibida. Clarín accedió a documentación que exhibe con lujo de detalles esos ilícitos.

A Miguel Paolantonio, de 44 años, lo llaman “Negro”. A su hermano menor de 36 años, Alejandro Paolantonio, se lo conoce como “Tata”. Conocer esos dos apodos resultará clave de ahora en más para entender una suerte de diario íntimo de la más importante banda de contrabandistas que operó en Buenos Aires en los últimos años.Clarín pudo acceder y comprobar la veracidad de ese y muchos otros documentos que describen con lujo de detalles como, al amparo de las principales autoridades de la Aduana durante el kirchnerismo, funcionaba un negocio ilegal que movilizó cientos de millones de dólares y afectaba seriamente a la industria nacional.

Entre el Negro y el Tata hay un tercer hermano, Raúl Paolantonio, de 40 años, que se ocupa de coordinar los camiones pertenecientes a la empresa Transportes DTM SRL. La firma fue creada por los tres hermanos en mayo de 2011 con un capital de 80.000 pesos y el objetivo de prestar servicios de transporte de contenedores y logística para el comercio. Tiene domicilio en Balcarce 871, en San Telmo, a solo ocho cuadras de la Casa Rosada, y ya cuenta con una flota de varios vehículos. Pero se trata, en realidad, de una máscara, la pantalla formal para que desde las sombras se pueda hacer otra cosa: este grupo de contrabandistas, según registros en poder de este diario que incluyen minutas de actividad diaria, asientos contables y documentos de movimiento aduanero, movilizó en 2014 por lo menos 180 contenedores repletos de mercadería prohibida, que se elevaron a más de medio millar el año pasado.

Frente a la sede legal de Transportes DTM SRL, en el edificio de Balcarce 880, hay otra oficina desde la que el Negro y el Tata administran el verdadero negocio del grupo. Allí arman la logística necesaria para introducir al país artículos “made in China” que se cargan en Hong Kong y se descargan en Buenos Aires, generalmente en la terminal de BACTSSA. Según surge del “diario”, los Paolantonio cotizan cada contenedor a entre 40.000 y 85.000 dólares. Ese es el dinero necesario para “aceitar” todo el circuito de controles de la Aduana.

Parte del diario de un contrabandista, que relata día a día los negocios de los hermanos Negro y tata Paolantonio, los mayores contrabandistas de Buenos Aires en los últimos años.

Al contrabando, y no al transporte, se dedicaron en realidad los Paolantonio en los últimos cuatro o cinco años, al menos hasta diciembre de 2015. Desde el cambio de gobierno, el nuevo titular de la Aduana, el militar retirado Juan José Gómez Centurión, comenzó a bloquear ese circuito ilegal con diversas medidas. La más elemental fue que todas las “latas” que despertasen sospechas por su menor peso fueran derivadas inevitablemente hacia el Canal Rojo. Es decir, debían ser abiertas para verificar la carga. Esto provocó que una gran cantidad de contenedores quedaran en los puertos y depósitos fiscales sin que nadie los reclamase. Fuentes oficiales calcularon que unos 200 pertenecerían a las operaciones de estos tres hermanos.

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“18 de septiembre: Chuan vino a la ofi y le pasamos la nueva cotización: US$ 45.000. Chuan nos dejó usar sus DJAI aprobadassssssss”, celebra quien tomó nota, día por día durante casi todo 2014 y el primer bimestre de 2015, de las operaciones que cerraban Negro y Tata con diversos comerciantes interesados en traer de Chinatelas, repuestos, artículos eléctricos y todo tipo de baratijasen medio del fenomenal cerrojo a las importaciones que había montado la AFIP, a cargo entonces del ex aduanero Ricardo Echegaray. Este “diario de un contrabandista” a veces no ahorra detalles e incluye las negociaciones de los hermanos con diversos funcionarios que, en vez de controlar, recibían sobornos para hacer la vista gorda frente al ilícito evidente.

“Tata habló con Lucas de valoración ramo 8, que pidió por 21 despachos de Different (una de las firmas importadoras) el 20%, o sea US$ 36.000. HDPPP”, se enfurece el anónimo redactor de ese diario ante la desmesura aparente de un sector de la Aduana. Era el 13 de junio de 2014. La ubicación en el tiempo también es un dato clave.

Esta larga investigación de Clarín sobre los desmanejos en el control aduanero se inició luego de la sorpresiva aparición pública, el año nuevo de 2014, en un lujoso hotel de Copacabana, de Jorge “El Uruguayo” Lambiris en compañía nada menos que de Echegaray, uno de los más importantes funcionarios del anterior gobierno. Con ellos estaba Sergio González, otro viejo amigo de Echegaray que participaba del negocio de los precintos electrónicos para contenedores. Según diversas fuentes, Lambiris era hasta ese momento el mayor proveedor de mercadería prohibida al circuito informal porteño, pero esa exposición vacacionando junto a quien debía controlarlo lo forzó a dar algunos pasos al costado. A partir de ahí cobraron mayores bríos los negocios de Negro y Tata. Pasaron de suplentes a titulares.

Para traer la mercadería los hermanos Paloantonio se valían de una estructura de empresas importadoras que también están claramente identificadas. La ya mencionada Different Imports SA, Corport SA, Vocasser SRL, Oslona SRL, Las Cortaderas SRL, Sicem BA SRL, Candozar SA y New Unique Import SA son las principales razones sociales utilizadas por el grupo desde 2011 como importadora de los productos que le solicitaban sobre todo los comerciantes locales.

Miguel "Negro" Paloantonio era el presunto cabecilla de la organización de contrabandistas que hizo negocios millonarios en connivencia con funcionarios de la Aduana.

Todas estas sociedades tienen pocos años de vida, fueron creadas con personas que generalmente viven en barriadas humildes del conurbano y la mayoría ni siquiera tiene empleados a su cargo. Según las fuentes consultadas, este tipo de sociedades generalmente dedicadas a la “venta por mayor de artículos de bazar” eran compradas a una red de estudios contables, que con frecuencia alteran a sus directivos y cambian el domicilio legal, para complicar los controles. En estos casos era poco necesario, pues nadie las controlaba.

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El volumen de negocios en los que han participado los Paolantonio a través de estas importadoras es inabarcable. En la documentación obtenida hay registro del ingreso de más de 400 contenedores en 2015 solamente a manos de cuatro de esas firmas. Pero eso sería solo una parte. El buque portacontenedores “Valence”, que suele pasar por los puertos chinos y luego atraca en Buenos Aires, en su viaje de junio de 2015 traía la cifra exacta de 23 contenedores cargados de “porquería”, como los hermanos llaman muchas veces en sus notas a la mercadería ingresadas de contrabando.

Esposa y aduanera

Las fuentes consultadas para esta investigación identifican con claridad al “Negro” Miguel Paolantonio como el jefe de esta organización dedicada al contrabando a gran escala. Desde hace años, La pareja de Paolantonio es una mujer llamada Silvia Patricia Borrescio, que conoce al dedillo los circuitos del comercio exterior pues trabajó en la Aduana hasta 1994 y después fue empleada regular de la AFIP entre 1999 y 2007.