A 28 días del inicio de la Copa del Mundo, hubo manifestaciones en seis grandes ciudades, todas sedes del campeonato. Rechazan los gastos excesivos y exigen viviendas y transporte de calidad.

Declarado “Día Internacional de Luchas contra la Copa”, ayer amaneció con los brasileños nuevamente en las calles en seis capitales del país, todas ellas sedes del Mundial de la FIFA. El retorno de las manifestaciones alcanzó una fuerza y combatividad que no se veían desde junio del año pasado, cuando miles de ciudadanos iniciaron una seguidilla de protestas que acompañaría a la Copa de Confederaciones.

Para compensar el impacto negativo que tendrán estas marchas, tanto dentro como fuera de Brasil, la presidenta Dilma Rousseff apeló a sus compatriotas para que den una bienvenida a turistas e hinchas. “El compromiso del brasileño con la buena recepción es algo que forma parte de la cultura, del alma y del ánimo de nuestro pueblo”, postuló. Enseguida, rechazó las críticas sobre los gastos excesivos demandados por la fiesta futbolera. Habló de la inusitada generación de empleos, de los nuevos aeropuertos y de las mejoras en la movilidad urbana. “Este es un pueblo alegre y hospitalario,” subrayó.

Pero los vecinos de las ciudades que hospedan los 64 partidos de esta competencia ayer no parecían dispuestos a atender los pedidos presidenciales. Anticipo de lo que vendrá en junio cuando el jueves 12 Brasil y Croacia inicien en San Pablo la competencia futbolística, el estadio Itaquerao, palco de esa inauguración, fue rodeado literalmente por miles de personas en repudio a un evento “ajeno” al ciudadano común. El Comité Popular de la Copa, un organismo de coordinación surgido en las propias marchas, denunció que en nombre de preservar el Mundial en Brasil las fuerzas policiales ejercen una fuerte represión.

Las manifestaciones se iniciaron a las 7, cuando todavía no había terminado de aclarar. Y concluyeron bien entrada la noche. Había todo tipo de demandas: desde planes de viviendas hasta el reclamo del pago de indemnizaciones laborales; desde pedir por un transporte público “decente”, hasta exigir una “educación y salud con calidad FIFA” o pronunciarse “contra la desindustrialización” del país. Pero en esta diversidad de reclamos hay un hilo común: denunciar los gastos extraordinarios, de casi 12.000 millones de dólares, realizados para una fiesta “extravagante”, como calificaron ayer los dirigentes del Movimiento de los Sin Techo. Guilherme Boulos, líder de esa agrupación, quien había sido recibido hace una semana por la presidenta Dilma Rousseff, ayer dio un ultimátum: “La cuenta es regresiva: hay solo 28 días para resolver el problema de la vivienda y todas las otras reivindicaciones de los brasileños en lucha. Si no se hace nada, la Copa tendrá problemas”, dijo.

En Belo Horizonte, donde se concentrará la selección de Argentina, los manifestantes se adueñaron del centro hacia el anochecer. Maestros, profesores, centrales sindicales y jóvenes “indignados” desfilaron por las avenidas principales, incendiaron neumáticos y levantaron barricadas. En la capital mineira, donde Argentina debe enfrentar a Irán durante la fase eliminatoria, fueron bloqueados cruces de avenidas y rutas de salida de la ciudad. Retornaron las cabezas tapadas con camisetas, pero la policía no actuó, según comentaba ayer por la tarde el jefe del comando especializado de la policía de Minas Gerais.

En cambio, en Recife (capital de Pernambuco) y ciudades aledañas, una huelga policial colocó esa ciudad y sus habitantes en una explosiva situación de riesgo.

Otras de las grandes sedes m undialistas, con un estadio de envidiar y una ciudad embellecida, ayer sufrió una oleada de robos y de “arrastrones” practicados por jóvenes que llegaban de la periferia urbana. Los colegios debieron suspender las clases, muchos comercios cerraron sus puertas y los “recifenses” optaron por permanecer en sus casas. Ya por la tarde, tanques de la Fuerza Nacional, en conjunto con las Fuerzas Armadas, ocuparon las calles centrales para evitar los desmanes. Conocida como la “Venecia” brasileña, por los canales, Recife parecía ayer una ciudad en guerra. Fortaleza, que albergará precisamente uno de los partidos más importantes de Brasil, vivió también su día caótico, con jóvenes que desde comienzos de la tarde de ayer ocuparon oficinas públicas para reclamar por “pase libre” en los medios de transpor te público.