Dinamarca fue una breve ilusión que nació y no duró mucho más allá de su gol, que incluyó un control de aire y asistencia, casi en simultáneo, de Jorgensen para que Eriksen, como corresponde a un volante ofensivo top de la Premier League, llegara a zona de definición: volea de zurda, en posición de 9, para una definición exacta a despecha de haberla ejecutado con el perfil menos hábil. Y no hubo mucho más porque el unipersonal de Eriksen no sufrió quiebres. De hecho, apenas sobresalió Poulsen por motivos inconvenientes, como su abono al VAR… Si de algo sirve lo de los daneses es para confirmar el testimonio de los entrenadores acerca de la relativa validez de los dibujos: su 4-3-3, marcado y notorio, representa una cáscara si los protagonistas no se involucran para darle sustancia.

Australia aplicó la flexibilidad porque cedió la rigidez expuesta con Francia, discutió la posesión y se animó a mover la pelota, en especial después del tributo otorgado por Poulsen para el 1-1. Con Leckie abierto por derecha, el lateral Behich como espejo por izquierda, la recolección que le tocaba a Mody en el medio y el caos ofensivo a cargo del chico Arzani, ese que tanto valoran los técnicos (en 20 minutos armó un desparramo), levantó a Schmeichel como el obstáculo a los tres puntos.