Los clientes ya no llevan por kilogramo, sino por unidades. Bajó la venta de bebidas alcohólicas y piden más segundas marcas.

Salva de apuros, queda cerca del hogar y con mucha suerte abre los domingos. El típico almacén “que tiene de todo”, es una de las postales más repetida en los barrios. Dispuesto a complacer a su clientela, pero también a combatir la actual crisis inflacionaria, se adaptó a los cambios de hábito de sus consumidores. Ya no hay compras por cantidad, ahora el vecino pide lo justo y necesario para el día. Bajaron las ventas de bebidas y cigarrillo, y crecieron las solicitudes de fiado. Con el cambio de tendencia también disminuyeron las ventas.

“La gente viene al negocio con una lista en la mente. Antes, si se olvidaban algo, iban y volvían a sus casas, y con las vueltas compraban más cosas. Ahora olvidate, la mayoría sabe lo que tiene que llevar y de ahí no se sale. Otra cosa que noto, es que todos piden las monedas de vuelto. Nada de caramelos, esperan la plata así sean diez centavos”, contó Noemí Serrano, del barrio ATE I.

En el “justo y necesario” del día a día, las compras más repetidas en los negocios consultados son: pan, leche, queso, carne y verduras. En esos rubros, la palabra kilo ya casi no existe, afirmaron los entrevistados. Ahora los clientes piden por monto o por unidad, es decir diez pesos de papas, treinta de bifes (aunque sean sólo dos) o tres zanahorias. “Una señora nos dijo que le diéramos ocho pesos de queso, cuando los cien gramos lo tenemos a diez pesos. Dos pesos, en muchos casos hacen la diferencia al bolsillo. Y lo que yo veo es que estiran la plata todo lo posible. Vienen con cincuenta pesos y se llevan un poquito de cada cosa”, indicó Yanina Magnoli, de “San Rafael Fiambres”, un comercio ubicado a la altura de la primera rotonda.

Para hacerle frente a las bajas ventas, que todos dicen tener, la mayoría de los edificios visitados apuntó a las ofertas. Como si fueran un supermercado pequeño, en cada estantería y góndola hay carteles salvadores. “Nuestros clientes buscan las segundas marcas en productos como fideos, mayonesa, cajas de té y diferentes bebidas. A veces la diferencia es muy escasa, pero suma igual”, dijo Dario Aguirre del autoservicio “Wil-Cam”, de la zona este de la ciudad.

Lo que no pudieron levantar, ni potenciar fue la caída abrupta en la adquisición de bebidas alcohólicas y cigarrillos (ver “Los puntanos…”). Silvia Pedernera, de “Mercadito Pelín”, cerca de la comúnmente llamada “rotonda de Torrontegui”, dijo que es imposible promocionar los productos cuando los primeros subieron un veinte por ciento y los segundos,  más de un cincuenta por ciento.

La nueva época también trajo pedidos de fiado. Con una confianza y un trato de años, algunos locales accedieron a la libretita, pero con los clientes más conocidos. Otros optaron por una negativa, aún cuando eso significa perder ventas. “Algunos se ofenden, y es triste porque te cuesta decir que no en ciertos casos. Pero también somos trabajadores, debemos pagar a proveedores constantemente y es un riesgo generar una clientela de deudores”, expuso Martina Aguirre, de un negocio de calle Almirante Brown.

 

Ahorrar entre todos

Si Lita de Lázzari estuviera viva, probablemente promocionaría a iniciativas como la de  “Ofertas en San Luis”. El grupo de Facebook, que fue creado por un joven puntano, apunta a que los miembros suban fotos de productos en promoción. Ya hay más de ciento setenta usuarios, que de forma activa comparten imágenes de supermercados y locales barriales. Con frases graciosas y hasta motivacionales publican 2 x 1, inauguraciones de establecimientos y direcciones.