En Avellaneda, empataron 0-0 y como los paraguayos ganaron en la ida (1-0) se metieron en la siguiente instancia donde enfrentarán a los de Gallardo. Ibáñez reemplazó al expulsado Saja y le tapó un penal a Benítez.

Ofreció lo que tenía hasta el último de los suspiros. Buscó, quiso, intentó de todos los modos. Pero falló. Al final, Racing se quedó sin nada. Empató sin goles contra Guaraní y tendrá que ver por televisión las semifinales de la Libertadores. Al cabo, pagó muy cara su postura defensiva en el encuentro de ida, allá en Asunción. Con apenas un grito en 180 minutos, el equipo paraguayo se convirtió en el próximo rival de River en la máxima competición continental.

Lo sabían todos después de aquella victoria mínima pero relevante para el equipo paraguayo: Guaraní llegaría al Cilindro de Avellaneda a los efectos de defender aquel tanto convertido por Julián Benítez. Y así sucedió. La primera impresión fue inequívoca: el visitante llegó con la idea de involucrar a diez de sus jugadores detrás de la línea de la pelota, con ese 5-4-1 y con esa idea de que había que ganar cada rebote. Fue Racing, con la lógica de la necesidad, tras los pasos de igualar la serie. Tuvo intensidad; le faltó claridad. Buscó primero con las subidas de Voboril por la izquierda y luego con las trepadas por la derecha de Pillud. Pero no fue profundo. Sus arribos más claros necesitaron de remates desde afuera o de maniobras individuales por el centro. Es cierto, fue más. Pero no resultó suficiente en ese comienzo.

Guaraní -como Nacional de Asunción en la pasada edición de la Libertadores- es un equipo impredecible. A primera vista, como en algunos tramos de esta Copa, parece un equipo vulnerable. Después, cuando se lo observa más en detalle, luce como un equipo más bravo. Sin mucho en términos de la belleza, sin brillos, sin magia. Pero con una certeza: todo es posible. Incluso acceder al tramo al que todos quieren llegar en el fútbol de Sudamérica: la final de la Libertadores.

Y así, con ese orden y con ese conocimiento de sí mismo, lo puso a Racing en la cornisa de la eliminación bastante pronto: al final del primer tiempo, en la última jugada, Marcelo Palau -que va a todas, que busca todas- gambeteó a Sebastián Saja y el arquero le cometió infracción. Hubo penal. Y hubo roja.