River ganó el partido que tenía que ganar, embocando a Argentinos después de que lo salvara Barovero: 2-0 en La Paternal, camino al título. Quedó primero solo y será campeón si vence a Quilmes en el Monumental. Y puede serlo aún con otros resultados.

Clink, caja. Feliz domingo para River, casi casi ideal. Porque ganó temprano con la caída de Gimnasia y cerró el día deshaciendo a Argentinos en una ráfaga amigable, con errores rivales aprovechados al 100%. Y así corre hacia el título, ese campeonato que no se da desde el 2008, con Simeone en el banco. Hoy está el Pelado Díaz, ese viejo ídolo, y la ilusión es tan grande como en épocas de gloria. Porque a una fecha del final, con un partido por jugar, sacó la diferencia necesaria, está a dos de Estudiantes, tres del Lobo y lo tiene en bandeja para festejar el domingo que viene en el Monumental.

Claro que este River no sale de la media del fútbol local y no está para festejar por anticipado. Menos con un Quilmes que, aunque está salvado, seguramente será duro. Lo fue el mismo Argentinos, ya descendido, hasta que se abrió el partido por esa salida mala de Nereo y la definición desde el piso de Mercado, para el 1-0. Más allá de que sabía que si ganaba quedaba solito arriba, River lo jugó sin apuro ni ansiedad. Por momentos parecía que le faltaba el fuego para ganarlo, mientras el Keko Villalva se perdía dos goles, Cavenaghi fallaba al definir y Lanzini le pegaba cerca desde lejos. Pese a la fragilidad del rival, el Bicho era un rival bicho y hasta Barovero bancó la decisión de Ramón de ponerlo por Chichizola al salvar un gran tiro de emboquillada de Pisculichi.

Se prueba la corona, River, en una campaña que lo tuvo siempre peleando, en la que lo tiene ahora saboreando el título tan buscado. No fue ninguna maravilla, pero está claro que este partido era más para dar el zarpazo que apuntar a cuestiones de funcionamiento. Había que ganarlo y se ganó, casualmente una vez que entró Teo, que metió el segundo y que seguramente será titular el domingo.

Todo depende de River, está claro. Si le gana a Quilmes, dará la vuelta en el Monumental y le alcanzará con empatar, si Estudiantes no gana en victoria (si igualan en puntos, habrá desempate). Así como supo ganar en la Bombonera sufriendo, en el descuento, ahora se llevó su segundo triunfo de visitante en el torneo cuando era casi imprescindible, que desató una fiesta íntima en el vestuario de La Paternal. Y de la mano del Pelado, a veces jugando bien, otras no tanto, está a punto caramelo para festejar.