Se especula con el asilo de algunos en el Río de la Plata por el encuentro entre presidentes. Mirá el especial que Clarín realizó de la Base en el 2004.

Cuando asumió, Obama prometió liberar a los presos del campo enclavado en la isla de Cuba pero nunca lo logró. Ahora se especula con el asilo de algunos en el Río de la Plata. Quiénes son y cuáles podrían ser los peligros de que vuelvan a participar de un atentado.

El rezo se hizo cada vez más fuerte. Dejó de ser la letanía con la que habían comenzado los reclusos del tercer módulo del Campo Delta, en la base de Guantánamo. Se convirtió en un grito desesperado. La presencia de los cinco periodistas internacionales era para ellos, los prisioneros de la Guerra Antiterrorista lanzada dos años antes por la administración de George Bush tras los atentados del 11/S, la única oportunidad de expresar su dolor al mundo.

En ese momento, en diciembre del 2003 había 660 prisioneros de 44 países, la mayoría de Afganistán, y muchos otros de Asia y Medio Oriente acusados de participar de las actividades terroristas de la red Al Qaeda pero ninguno acusado formalmente. Se los mantenía en un limbo jurídico donde no regía ni las leyes estadounidenses, ni las cubanas ni las de ningún lado. Se los interrogaba hasta 16 horas por día para intentar conseguir información que pudiera prevenir algún nuevo y supuesto ataque terrorista. “No tenemos ninguna intención de rehabilitar a estos hombres, nuestra misión es mantenerlos bien custodiados y seguros para que nos puedan seguir proveyendo de información que necesitamos para ganar la guerra, nada más”, me explicó el entonces jefe del campo, el comandante Jerry Cannon.

Para la Cruz Roja, Amnistia Internacional y varias asociaciones internacionales de abogados y jueces, el campo es un campo de concentración. Pero el entonces secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, el hombre más duro del gobierno Bush, aseguraba que en Guantánamo se encontraban “algunos de los más peligrosos, mejor entrenados y viciosos asesinos que puedan habitar la Tierra”. Lo cierto es que por Guantánamo pasaron o aún se encuentran encerrados algunos de los terroristas más prominentes como Khalid Shaikh Mohamed, el cerebro del 11/S y el mauritano Mohamedou Ould Slahi que armó la famosa “célula de Hamburgo” que reclutó a algunos de los kamikazes que participaron de los atentados. Pero también “perejiles” como un taxista afgano que fue apresado por equivocación junto a otras tres personas que viajaban en su coche, un hombre de 90 años que fue delatado por un vecino que quería quedarse con sus tierras y tres chicos de 14 a 16 años que habían sido obligados por sus familias a enrolarse con los talibanes para recibir comida.

Barack Obama llegó en enero del 2009 a la Casa Blanca con la promesa de que iba a terminar con el campo de prisioneros de Guantánamo. No pudo. Los testimonios arrancados bajo tortura a los prisioneros no servirían en los tribunales dentro del territorio estadounidense. También fue presionado por los sectores más conservadores para que no liberara a esos hombres porque seguían constituyendo un peligro para la seguridad nacional. Se inició, entonces, un largo proceso de juicios llevados a cabo en una de las nuevas instalaciones que se habían construido en el campo para éste propósito con un costo de al menos 150 millones de dólares. Las apelaciones y los vicios en el proceso lograron poco y nada. Obama tuvo que convencer al Pentágono de que la única solución es la de la liberación bajo vigilancia. Algunos fueron entregados a sus países de origen. Por ejemplo, Gran Bretaña recibió a varios de sus conciudadanos apresados en Afganistán cuando se habían unido a la Guerra Santa. Pero otros países se niegan a que éstos hombres regresen. Por ejemplo, varios integrantes de la minoría uigur de China, que son rechazado spor el gobierno de Beijing.

Y ahí es donde aparecen países que podrían dar “asilo protegido” a algunos de los 154 prisioneros que aún permanecen en Guantánamo. Uruguay sería un territorio “adecuado” para ésto -también Nueva Zelanda, que es otro país mencionado- y la propuesta que anduvo circulando en los últimos tiempos, ya sea que fuera lanzada desde Montevideo o desde Washington, cierra a ambos gobiernos. El presidente José Mujica dijo que podría recibir a seis prisioneros a quienes quedarían en una “libertad vigilada” dentro del territorio uruguayo. Después de diez años en Guantánamo ninguno de estos hombres aparece “a priori” como un peligro para la seguridad. Pero otros apuntan que la proximidad de un territorio como el de la Triple Frontera en el que se detectaron elementos yihadistas conectados con la red Al Qaeda, podría “reactivar” a alguno de éstos hombres. Lo conversado en la reunión de hoy, en Washington, entre Obama y Mujica, supuestamente, puede esclarecer el futuro de seis de los 154 hombres que aún permanecen atrapados en la araña de Guantánamo.