El dueño del animal tenía en su casa 9 ejemplares de la misma raza. Se los llevó la Policía.

Un perro raza pitbull mató ayer a Santiago Ber, un nene de poco más de dos años. Sucedió en el barrio Matadero, de Alejandro Korn, en San Vicente. Horacio González, un vecino dueño del animal y pariente cercano del chiquito, está demorado y se lo investiga por homicidio culposo. Los vecinos estaban indignados: hacía ya varios meses que venían juntando firmas para que González se llevara los perros a los que criaba porque, dicen, estaban sueltos y ellos temían que atacasen a sus hijos.

El nene y su familia vivían casa de por medio con la del dueño de los perros, ubicada en la calle Bonpland 913. En el frente de la vivienda hay un coche modelo Fiat 147 de color rojo. Le faltan las cuatro ruedas, tiene las ópticas rotas, está oxidado. En ese coche abandonado estaba atado el perro. Aún no está claro cómo fue que terminó atacando a Santiago. “Suponemos que el chiquito estaba jugando y que se acercó al auto. Con las pericias intentaremos determinar si la puerta del coche estaba abierta. Lo que sabemos es que el pitbull se abalanzó sobre el nene y le mordió el cuello y la región occipital”, contó Ariel Morlini, jefe de la departamental San Vicente, a cargo de la investigación junto con el Juzgado N°12 de La Plata.

El Matadero es un barrio tranquilo, de casas bajas y calles de tierra, que fue construido a la vera de la ruta 210 en San Vicente. Allí los perros se mueven en jauría: desde la esquina de la casa de González unos seis perros paticortos, viejos, peludos le ladran a las cámaras de televisión. Pero los perros que tenía González no eran mestizos y mucho menos, mansos. Según los vecinos, el hombre criaba en su casa once perros. Andaban sueltos o los metía en una especie de jaulón que había construido en el terreno de enfrente de su casa, que no le pertenecía. Él solía presentarse como “criador de pitbulls”. “Hace meses que le venimos pidiendo que por favor se lleve a los perros de acá. Nosotros teníamos miedo por nuestras criaturas, que suelen jugar en la calle. Incluso juntamos firmas y la llevamos a la comisaría pero bueno, acá estamos, lamentando la muerte de este chiquito, algo que podría haberse evitado”, dice Juan y mientras intenta contener el enojo.

El recuento que hizo la Policía fue de nueve perros en total. Aseguraron que en su comisaría –la 2da de San Vicente– nadie reportó un hecho similar al que ocurrió con Santiago de parte de los vecinos. Por lo pronto, los perros de González fueron llevados a la dirección de Zoonosis y no se sabe cuál será su destino.

Santiago vivía a una casa de la de González con su mamá, que es ama de casa y su papá, albañil. Tenía dos hermanitos, uno más grande y otro más pequeño. Su abuela era la prima de González y según los vecinos, el nene que falleció lo llamaba “tío”. Anoche el cuerpo de Santiago era sometido a una autopsia. Aún no saben si será velado.

La pericias terminaron tarde. Había sobre el barro y cerca del auto una mancha de sangre. Detrás del precinto que colocaron, la policía científica medía, tomaba fotos, anotaba detalles en una planilla. Los vecinos miraban todo con el gesto de haber adivinado que algo así iba a pasar. “A Santiago lo llevamos nosotros al hospital de San Vicente, ya estaba inconsciente”, contó otra vecina a Clarín.