Susana Lucero dijo que el día del misterioso crimen en el barrio Faecap, escuchó los disparos pero no vio a los asesinos. “La mataron sin piedad”, expresó.

Cuando vi el cuerpo tirado en la desesperación la quise alzar, pero no me dejaron. Le dije ‘Diego ¿por qué no hacés algo?, no dejés que le pase algo más’, pero nunca me di cuenta de que ella no se movía”. Con la mirada perdida en la esquina donde cayó el cuerpo de Romina Aguilar, Susana Lucero relató lo que aún no puede creer, el asesinato de su vecina más querida. La mujer, que vive en la casa contigua a la de la víctima, contó que la joven estaba embarazada y que era como una hija para ella.
Hace treinta años que Susana vive en el barrio Faecap, aunque ahora lamenta que ya no sea una zona segura para vivir. La convivencia con barrios complicados y la reciente apertura de una disco a metros de su casa empeoraron la situación, le contó a El Diario.
“Maldito este boliche que tenemos acá enfrente, porque todos lo fines de semana pasan cosas. Los chicos les pegan a la chicas y después se pegan entre ellos. Los fines de semana nos despiertan los gritos y los tiros. Uno ya no está tranquilo porque tenés miedo de que pase algo”, relató.
Justamente por eso Susana no había podido pegar un ojo la noche previa al crimen de Romina. “Estaba sentada porque no había podido dormir. Rominita estaba estudiando en el Plan PIE en La Calera, y me había dicho que había cambiado el turno (para cursar) a las siete de la mañana por el calor. Yo, desde mi dormitorio, vi la camioneta con la luz prendida”, minutos después de las seis de la mañana.
“No escuché el ruido de la camioneta ni nada. Vi que después apagaron la luz y por la hora pensé que podía ser Diego (Lorenzetti) que llegaba”. “Ahí sentí los dos disparos y justo después que golpeaban y golpeaban las manos. Insistían”, recordó Susana.
Pero como pasó con otros vecinos, Lucero pensó que se trataba de un disturbio más a los que están acostumbrados. Incluso que la pelea podía ser en la casa que está frente a la de Lorenzetti y Aguilar, donde hay reuniones posteriores a la salida del local bailable. “Como ellos habían salido del boliche y estaban tomando pensé que a lo mejor habían discutido ellos”. “Me dio miedo de salir porque escuché los tiros muy cerca, no como cuando se tiran allá (en el boliche)”.
La vecina de Romina dijo que el primer patrullero llegó en minutos, y que cuando arribó la ambulancia se dio cuenta de que había alguien herido. Recién ahí decidió averiguar qué sucedía. “Salí y le pregunté a Diego, ‘¿qué pasó?, ¿te robaron de vuelta?’. ‘Le pegaron un tiro a Romi, en el brazo’, me contestó. Pensé que no era nada grave, pero salimos corriendo igual. Yo, mi cuñada y mi nieta. En la calle no había nadie más que los chicos que estaban en la esquina bebiendo”.
Susana quería que auxiliaran a Romina, que se la llevaran, “pero el médico que la revisó dijo que no había nada que hacer”. “Ese momento fue un desastre. Tuve que calmarlo a él (Lorenzetti) pobrecito. El hijo de Romina estaba en La Calera, no estaba acá, si no, no sé que hubiera sido. Sí estaba una hermana de ella, que se había quedado acá”.
La mujer no pudo confirmar el dato de que él o los asesinos se movilizaban en una moto. “Nunca escuché una moto, o si la escuché no me di cuenta. La Policía vino y me preguntó si por acá pasan motos. Quinientas motos andan por acá, que se yo quién es quién”, ironizó.
“Supuestamente hay un vecino que ha visto todo, pero ¿dónde está? Ese vecino pensó que era mi hija la que estaba tirada, porque tiene el mismo color de pelo que Romina. ¿Pero a quién se lo dijo? Hay muchos comentarios dando vueltas. La misma persona dijo que la vio agonizar (a Aguilar), pero no se ha querido meter porque está el miedo de que pueda venir alguien y se la agarre con uno”, opinó Susana.

Estaba embarazada
“Al tener a su familia lejos Romina me veía como a una mamá, como a una compañera, por eso me confiaba cosas. Me encariñé mucho con ella”. “La gente habla, como siempre, pero te puedo decir que era un excelente matrimonio y que se amaban. Estaban esperando un hijo porque ella estaba recién embarazada”, aseguró Lucero, que no pudo contener las lágrimas en toda la entrevista.
“Era muy compañera. Venía de La Calera y me decía ‘Susana, ya llegué. Nos vemos enseguida’. Todo el tiempo. Tomábamos mates en mi casa o en la de ella. Tenían mucha confianza en mí como para dejarme la casa cada vez que se iban”, contó, aunque este fin de semana ese encargo fue más pesado que nunca.
Y es que Susana tuvo que entrar una y otra vez a la casa de Lorenzetti con el miedo “de que esta gente vuelva a aparecer”. “Estuve arreglando su ropa y sus cosas, pero no lo entiendo todavía. Me vinieron a buscar para ir al velorio pero estoy como en el aire, no caigo todavía”.
Pese a ello, Lucero está segura de una cosa: “Siempre se dice que la vida continúa, pero a ella se la arrebataron. La mataron sin piedad, como a un perro”.