La UCA hizo un estudio en base a la percepción de los vecinos. Y detectó una suba del 50% en los últimos 5 años. Afirman que hay “un desborde” y apuntan a la connivencia policial.

El Observatorio de la Deuda Social Argentina, que depende de la Universidad Católica Argentina (UCA), presentó ayer su primer informe sobre narcotráfico y adicciones. De acuerdo a su investigación, aumentó un 50% la cantidad de gente que percibe que se vende droga en su barrio. La cifra saltó del 30% de los encuestados en 2010 al 45% en 2014. En villas y asentamientos, el registro de venta trepó del 53% al 84%; en los niveles medio y alto, subió del 17% al 22%.

Durante cuatro años el Observatorio realizó más de 7.500 entrevistas, en ciudades de más de 80 mil habitantes en todo el país. La idea era saber si el tráfico de drogas aumentó, qué problemas generan las adicciones severas en las familias y cuáles son las poblaciones en riesgo. “El avance del narcotráfico es un proceso sistemático que se viene dando desde hace dos décadas. Hoy hay un desborde”, dijo ayer Agustín Salvia, coordinador de la investigación.

Los encuestados dijeron que la Policía no los hace sentir más seguros. De hecho, según el informe, entre 2010 y 2014 aumentó la percepción de venta en barrios con presencia policial tanto como en lugares donde la seguridad escasea. “En los barrios pobres la presencia policial es más ineficiente”, observó el rector de la UCA, monseñor Víctor Fernández, y recordó que el papa Francisco había advertido sobre el riesgo de la “mexicanización” en el país y la urgencia de medidas para prevenir el avance narco.

Salvo el dato sobre la percepción de venta de sustancias psicoactivas, las conclusiones a las que arribó el Observatorio no son nuevas. El alcohol sigue siendo la sustancia psicoactiva que prevalece ante las drogas ilegales, pero no profundizaron en el impacto que genera en las familias la adicción severa a determinadas sustancias.

Respecto de la venta de drogas, Salvia señaló que “habría connivencia policial” en barrios más vulnerables y que por eso los vecinos están más expuestos a la violencia, son estigmatizados y aislados. Para los investigadores, “percepción” no refiere a “lo que le contaron o creen, sino a lo que conocen o saben de la venta de drogas en su calle, manzana o vecindario”. Los investigadores no indagaron en el tipo de drogas que los vecinos dicen que se comercializa en el barrio, ni les preguntaron en qué lugar de la vía pública vieron que las venden.

“Sin dudas, es tan importante lo que la gente cree que pasa, como lo que en realidad pasa. No obstante, no hay que confundir los tantos. El incremento en la percepción sobre la existencia de venta de drogas en los barrios obliga a profundizar el estudio de las razones sobre las que se basa dicha percepción. ¿Se trata de datos verificables o de una realidad que se construye a partir de rumores que de tan reiterados se tornan verdades?”, se pregunta Graciela Touzé, directora de Intercambios, la asociación civil que estudia y atiende problemas relacionados con las drogas.

En Argentina no hay datos oficiales sobre el consumo de drogas desde 2011. Pero historias sobre hacerle frente en los barrios sobran. “No sólo se incrementó el consumo y la venta en estos años, sino que en Rosario hubo un cambio en las formas de venta. Quedan pocos búnkers porque ahora la droga se consigue mediante el delivery, hay motos y autos que recorren los barrios. Es fácil de conseguir”, contó Betina Zubeldía, que integra la ONG “Madres Solidarias”.

En Córdoba relevaron dos barrios humildes. En 10 manzanas de Ampliación Ferreyra detectaron 15 puntos de venta de drogas y en Bella Vista, 17 kioscos. En promedio, por cada manzana hay más de una familia que se volcó al narcomenudeo. Aurelio García Elorrio, legislador de Encuentro Vecinal Córdoba, es especialista en narcotráfico y analiza: “Cuando el Estado se retira, cuando no tiene políticas de inclusión para los sectores excluidos, la gente no duda en vincularse a otras formas de organización, incluso ligadas a la criminalidad”.