Son 1.100 las familias comprometidas. La única manera de salir de las ciudad es usando lanchas y canoas.

No más ruta. Los habitantes de Villa Paranacito están aislados desde hace dos días, cuando un tramo de la ruta provincial 46 de acceso a la localidad desapareció bajo las aguas. La venían conteniendo: a fuerza de terraplenes, de sumar tierra a los costados y elevar con endicamientos. Pero no más. Si hay enfermos o urgencias, hay que salir en lanchas y canoas varios kilómetros contracorriente, porque la velocidad del agua va al revés, hacia el pueblo. Y trae camalotes, alimañas y, en estos días, lluvia, viento y frío.

Villa Paranacito, ubicada en el delta entrerriano, tiene 1.100 familias comprometidas, según las listas de asistencia del Ministerio de Desarrollo Social de la provincia de Entre Ríos. El gobierno aporta mercaderías, colchones y abrigo. Pero la creciente no sólo viene con agua: trae desocupación, baja en el consumo, caída de ingresos a las arcas municipales, menos fondos para implementar obras y ayudas, y la cadena continúa. El turismo quedó anegado, la industria forestal no puede trabajar en medio del agua, el ganado migró a zonas altas y los peones quedaron solos y sin trabajo en las tierras mojadas, que son su hogar.

El río Paranacito llegó ayer a los 3,50 metros, muy por encima del nivel de evacuación. Pero los isleños no abandonan sus casas: suben todo al piso de alto y siguen. Los que deben trasladarse a casillas de madera y plástico la pasan peor: sin piso, mucho barro, dedos entumecidos cuando sopla el viento del otoño.

Arturo Ocampo pasó ya cuatro crecientes grandes desde 1982. Ayer, mientras llenaba bolsas con arena igual que sus vecinos para reforzar la ruta de acceso a Holt Ibicuy, atendía al grupo de 4×4 solidarios llegado de Buenos Aires con donaciones. “Triste lo que se ve, duele, cuesta”, decían.

La ruta 45 no se cortó como la 46. Por momentos, el agua invade la superficie y se retrae. La correntada socava alcantarillas y debilita el camino. Por eso, los vecinos trabajaron día y noche y llenaron 600 bolsas de plastillera con arena para poner en los bordes. Chicos, viejos, mujeres, varones, el intendente de Holt Ibicuy, Fabián Murilla, todos arremangados pala en mano. En Villa Paranacito se ve la misma escena: vecinos, empleados municipales, de Vialidad, bomberos. Todos resbalándose. Mojándose. Un esfuerzo que pudo evitarse, al menos en parte, si se hubieran reforzado en enero las protecciones y los diques.

Con la ruta cortada, las donaciones se reciben en el centro de Salud de Brazo Largo, a cargo del médico Eduardo Melchiori. “Todo el tiempo hay nuevos inundados”, dice María Rosa Arenas, concejal de Villa Paranacito, que anda en su camioneta recorriendo y llevando lavandina y mercaderías.

“Necesitamos botas de goma con caña alta –acota Ocampo–. Las cortas no sirven y algunos andan de alpargatas o descalzos llenando bolsas”. También, pantalones de lluvia y capas. Mientras habla con Clarín, saca chapas de su galpón y se las da a un vecino para que teche su casilla. Y sale en su camioneta con sus sobrinos a llevarle tablones a armarle una tarima a otro vecino para colocar los muebles. Es que la noche se acerca y el horizonte está cada vez más desolador.  Para ayuda y donaciones hay que acercarse a la Casa de Entre Ríos en Buenos Aires (el contacto es Candela Giménez Rey, 0344-15664-1697. También a través del Facebook de “Multimarca 4×4 solidaria”.