El aristócrata británico Charles Rogers murió en agosto de 2018 tras años de lidiar con una adicción a la heroína. El hombre vivía recluido en su casa mientras su mansión de Penrose Estate, un edificio de gran valor histórico ubicado en Cornualles, languidecía en el suroeste del Reino Unido.

Tras la muerte del aristócrata de 62 años se abrió una sucesión, pero al no estar casado la batalla legal era sólo cuestión de tiempo. Hasta que apareció el heredero: Jordan Jordan Adlard – Rogers, el hijo no reconocido que pudo probar su linaje a través de una prueba de ADN.

De pasar a trabajar largas jornadas por un sueldo magro que lo dejaba al borde de la pobreza, Adlard – Rogers, de 31 años, se convirtió de la noche a la mañana en el flamante propietario de una mansión valuada en 50 millones de libras (unos US$63.571.750), informó el sitio The Sun.

Una de sus primeras medidas como heredero del aristócrata Rogers fue mudarse a la mansión de su padre con su novia, Katie Hubber, y el bebé de ambos, Joshua, que tiene menos de un año.