Ya preside las actividades públicas. Es N° 2 en la línea sucesoria.

Cuando aterrizó en el Senado, en diciembre, Gerardo Zamora imaginaba una gestión más tranquila. Advertido de la discusión de poder dentro del peronismo y de los recelos que generaba entre los K por su origen radical, pretendía preservar su habitual perfil bajo, para tener tiempo de apuntalar el gobierno de su esposa, Claudia Ledesma Abdala, en Santiago del Estero. Pronto se dio cuenta de que no sería posible. Lo empezó a palpitar cuando Cristina lo ungió presidente provisional, en reemplazo de Beatriz Rojkés. Y lo terminó de comprobar la última quincena, cuando las complicaciones judiciales de Amado Boudou, vicepresidente y titular de la Cámara, lo obligaron a elevar su exposición para erigirse en la cara visible del Senado.

Debió hacer las valijas de apuro, dos semanas atrás, para presidir la comitiva parlamentaria que fue a Washington para apoyar la postura del país ante la Corte norteamericana por los “fondos buitre”. El último miércoles ocupó el lugar de Boudou en la reunión de los jefes de bloques con Axel Kicillof, Jorge Capitanich y Carlos Zannini, en la Presidencia de Diputados, para analizar cómo revertir el fallo adverso de ese tribunal. Y cuando el Senado reanude sus actividades debería presidir dos sesiones seguidas (2 y 3 de julio), ya que, curiosamente, coinciden con la gira del vice por Centroamérica, como reveló Clarín el sábado. Desde la oposición preparan para esas sesiones una nueva batería de reclamos para que Boudou tome licencia.

Sus colaboradores aseguran que Zamora no disfruta del ostracismo de Boudou. En parte, porque le quita tiempo para dedicarse a la campaña electoral que ya se largó en los municipios de su provincia, que renovarán a sus intendentes el 31 de agosto. Y otro poco, porque en su momento de mayor soledad, cuando los senadores kirchneristas le hacían el vacío, Boudou le abrió los brazos, pese a que su nombramiento como número dos en la línea sucesoria obedeció a una estrategia de Cristina, preocupada por el avance del caso Ciccone.

De hecho, cuando el juez Ariel Lijo ya había decidido convocar al vice a indagatoria, el santiagueño preparó un acto casi a medida de Boudou en Termas de Río Hondo. Allí, el vice aprovechó para defenderse y pudo mostrarse en público, rodeado de legisladores y dirigentes kirchneristas. Un combo completo en tiempos en que, salvo Cristina, los K le hacen saber que no es bienvenido.

La avalancha de pedidos de juicio político contra Boudou por parte de la oposición, especialmente en Diputados, obligaron al oficialismo a limitar la exposición del vice en el Congreso. Por eso, justifican la presencia de Zamora cuando los funcionarios fueron a explicar el litigio con los “fondos buitre”. “Boudou ni siquiera fue invitado, pero eso estuvo correcto. Se corría el riesgo de que algún opositor lo hiciera pasar un mal momento”, explicó una fuente K de fluido diálogo con el vice. Otros especulan que respondió también a la feroz interna del vice con Zannini. El secretario de Legal y Técnica fue uno de los enviados de la Rosada.

Ahora Zamora debe repartir mejor su tiempo para cumplir en dos frentes: preservar su fuerza en Santiago y la creciente exposición en el Senado, donde el oficialismo buscará imponer la semana próxima una polémica ley para limitar la responsabilidad del Estado. “No se tomará ninguna atribución.

Sólo va a cumplir las órdenes que le den en Casa Rosada ”, justificaron desde su entorno.